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viernes, mayo 25, 2007

Hasta el amanecer 7





CAPITULO VII

Los días pasaban rápidos, Agosto asomó entre los tejados del pueblo y las noches empezaron a alargarse mientras las tardes tenían un color dorado y las paredes acababan de blanquearse. Lucía y Eva no se separaban ni un instante, las calles silenciosas del pueblo las veían cogerse de la mano, las olas del mar las sumergían en besos y en caricias, en tardes enteras tumbadas contra la arena, en lugares apartados abrazándose, pensando a cada minuto en su sonrisa, en su pelo, mirándose, mirándose sin palabras y escogiendo tantos te quieros como estrellas. En medio de la noche la pregunta surgió, libre, en un susurro: ¿quieres hacer el amor conmigo?, la respuesta fue un beso largo e intenso y una mirada brillante y soñadora; si. Y subieron al faro, entre la oscuridad callada y las luces lejanas se desvistieron, se abrazaron y se tumbaron, una sobre la otra, las dos en un sólo cuerpo y un sólo sentimiento. Se amaron y sintieron que aquellas manos, aquella piel serían eternas y que estaban elevando en sus almas, en sus gemidos, algo que ni el tiempo podría cambiar porque en sus ojos, los unos dentro de los otros, habían creído en un sueño, habían creído que podrían hacerlo realidad. Se habían convertido en ángeles.
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Eva se levantó, sus lágrimas se habían perdido con la marea y el recuerdo, tan cerca y a la vez tan lejos, le dolía en todos los rincones, en todas las emociones que podía sentir su corazón. Recordaba a Lucía diciéndole que su padre había perdido el trabajo y que se marchaban a Alicante, palabras que aún sonaban en su cabeza.
- No me olvidarás ¿verdad?, no me olvidarás.
- No, claro que no, Lucía, Lucía, te amo.
- Vendré, volveré, te lo prometo; conseguiré dinero y me quedaré contigo.
- Te esperaría toda la vida si hiciera falta.
- Te quiero, Eva.
- Te amo.
Todavía sentía sus besos... Suspiró. No habían pasado ni 7 días y ya la echaba insoportablemente de menos, sabía que no podía vivir sin ella, esa era la verdad más grande que había poseído jamás.
Echó a andar hacia su casa cuando una voz la llamó.
- Eva.
- .......Lucía!!!
Se abrazaron y pensó que debía estar soñando, dormida, en su cama, o haberse vuelto loca porque aquello no podía ser posible.
- ¿Qué h....?
- No, no podía, no. Le he dicho la verdad a mi padre, no podía irme porque te quiero, porque mi vida está aquí contigo, no podía dejarte. Mi vida eres tú.
- No me lo puedo creer ¿se lo has dicho?..... y te quedas... Lucía, Lucía, amor....
- Te quiero Eva, te amo...y nada, nada de este mundo podría separarme de ti.
Se volvieron a abrazar y por aquel beso, pensó Eva, valía toda su vida, toda la que había vivido y la que viviría con ella. Había algo capaz de cambiar el destino, pensó, el amor.
Y se alejaron por la playa, con la luna a la espalda reflejándose en el mar hasta el amanecer.

FIN

Hasta el amanecer 6



CAPITULO VI

- No te entiendo, de verdad que no te entiendo ¿y sabes qué? no me gusta nada no entenderte.
Marta la miraba echando chispas por los ojos, la voz quebrada por los nervios; tenía en la mano derecha un cigarro, el penúltimo del paquete, al que no paraba de dar vueltas sin decidirse a encenderlo.
- No me quieres.
- Marta, déjame exp...
- No, Eva, déjame que te lo explique yo a ti, desde que llegó has cambiado, no me preguntes cómo pero lo has hecho, y yo me enamoré de alguien que no le tiraba los tejos a ninguna madrileña.
- De qué me estás hablando.
- Ya te lo he dicho no me quieres, y ahora creo que nunca lo hiciste, si me quisieras ni siquiera te habrías planteado la respuesta.
- Marta por favor, sabes que ha sido un mes genial, lo sabes; pero... no, no puedes pedirme eso, no... y si, esa es mi respuesta, este no es el momento de que me vaya a vivir contigo. Lo siento.
- ¿Por qué? ¿eh? Dime por qué... se supone que lo soy todo para ti, se supone que sólo piensas en mi, se supone que yo soy tu novia y no ella, joder, y a veces piensas más en ella que en mi. Si no es ahora el momento dime entonces cuál es, no tienes obligaciones, no tienes nada que te ate aquí que no puedas tener allí, en la capital, conmigo... ¿no te importa estar allí conmigo? ¿dormir junto a mí?... Manuel ahora la tiene a ella pero creo que eso es precisamente lo que no quieres perder.
- Tal vez... tal vez haya más cosas que me aten de las que yo creía, ¿y tu? ¿por qué no esperas?
- ¿Qué espere a qué? ¿a que te declares y te diga que si y me dejes?
- ¿Y si crees eso por qué no me dejas tú? Porque Marta, me haces preguntas que no sé contestar.
- Por qué no te dices a ti misma la verdad de una vez, por qué no me la dices a mi.
- ¿Qué verdad? Siempre te he dicho la verdad.
- Que la quieres, que estás enamorada de ella, que no te atreves a estarlo porque ella no es lesbiana, que no tienes el valor suficiente para aceptarlo.
Eva no sabía qué decir, tal vez todo lo que se podía haber dicho lo acababa de decir ella. Porqué no acababa de aceptar que su amor por Lucía era imposible... quizás lo mejor fuera acabar con esa situación, al menos así nadie sufriría mas que ella... pero no podía, no podía dejar de pensar en ella.
- Dímelo Eva, dímelo, dime que no la quieres.
La miró a los ojos, la miró largamente y hizo un gesto de asentimiento para sí misma con la cabeza.
- No puedo.
- Lo sabía.
- Es mejor que lo dejemos, es mejor... era eso lo que querías oír ¿verdad?... lo siento, lo siento Marta, lo siento. Es mi puta manía de perseguir imposibles... lo siento.
- Eres la persona por la que hubiera dado todo, pero como tú dices ya lo he oído. Ahora sólo me queda una cosa por hacer antes de irme.
Y dicho esto se dirigió a la playa.
- Marta!!...
Lucía estaba en el sitio donde esperaba encontrarla.
- Hola Marta, ¿qu...
Paf!! sin mediar palabra le pegó un tortazo en la cara.
- ¿Te has vuelto loca? - dijo llevándose una mano a la mejilla dolorida - ¿se puede saber que coño te pasa?
- Pregúntaselo a ella, seguro que te lo sabe explicar muy bien.
- Lucía! ¿estás bien?
- Si, ¿qué ha pasado? ¿por qué narices me pegas? - volvió a girarse hacia Marta.
- Mañana me voy, me voy a la capital, me voy y ella se queda, aquí, contigo.
- ¿Quéee...?
- Según ella tiene la puta manía de ir detrás de imposibles... y también la puta manía de olvidarse de decirlo.
- Mira, no sé de qué me estás hablando pero no le hables así ¿me oyes?, y menos tú.
- Ja... no sabes lo que dices.
- Sé lo que digo, no tienes derecho.
- Te duele que sea yo quien controle la situación por primera vez desde que llegaste.
- Me duele que te escondas en ella para pegarme a mí. Hazlo, repítelo, vamos, pero no la metas.
- Lucía, tu no entiendes... - Eva no sabía si seguir hablando o quedarse callada, no sabía cuánto tiempo soportaría aquella situación, la que hasta hace 10 minutos era su novia frente a su amor imposible y ella en medio. Hubiera querido gritar, apartar a la una y besar a la otra; pero de momento seguía de pie, mirando la escena que nunca pudo imaginar -.
- Claro, precisamente ése es el problema, que no entiendes. Pero yo me voy, aquí os quedáis. Agur.
Empezó a dar media vuelta pero la sujetó por un brazo.- Déjame.
- No.
- Suéltame.
- No.
- ¿Por qué, por qué lo haces? ¿por qué coño la defiendes? si no fuera por ella yo no habría venido aquí esta tarde.
- Si, es verdad Lucía, toda la culpa de lo que os pasa a las dos es mía, toda... yo... ojalá pudiera explicártelo.
Lucía soltó a Marta, se apartó ligeramente de las dos y después de echar un vistazo a su derecha miró fijamente a los ojos de Eva.
- Porque te quiero. Porque te quiero con toda mi alma. Y se fue por el camino que salía de la playa hacia la carretera.
Eva echó a correr detrás suyo dejando a Marta cruzada de brazos, totalmente ausente; era como si aquellas palabras acabaran de despertarla de un sueño.
- Lucía!!!... Lucía!
Casi al borde de caerse la alcanzó y con fuerza la hizo darse la vuelta comprobando que lloraba igual que ella.
- Lucía... oh Dios, Lucía... - empezó a tocarle los brazos, a acariciarle la cara en una mezcla de pasión desesperada y infinita ternura, a acercarse hasta que sus respiraciones fueron la misma al compás de sus dos cuerpos pegados - Te quiero, te quiero, te quiero...
Lucía le pasó los brazos por las espalda hasta la cintura y empezó a cubrirle el cuello de besos, breves, apasionados, intensos... subiendo por su piel como la lluvia encendida por el fuego, llenando su mejilla, sus ojos, la comisura de su boca de cálidos besos en torrente... cerró los ojos y cuando unió sus labios a los suyos sintió que algo de su alma subía hasta el cielo, interminablemente profundo, interminablemente azul, sujeto por esa magia que sólo tiene los sueños cuando al fin se cumplen, su lengua, sus labios, su saliva, dejaron de pertenecer a sus propios cuerpos para llegarles en un único deseo a un único corazón. En aquel momento sólo existió el amor, Eva y Lucía.

Hasta el amanecer 5














CAPITULO V

Dejó el bolígrafo y guardó la carta en el cajón, su tío la llamaba.
- Lucía ¿ya estás aquí?, mira, sube al faro y si ves a Eva le dices que te ayude a cambiar la lente, ésta está ya demasiado rota.
- De acuerdo tío.
- Y anima esa cara mujer, que es verano.
- :D... claro, dentro del faro hace fresquito, quién lo diría.
Los peldaños eran silenciosos, casi no se oían las pisadas a pesar del eco de las paredes, la barandilla, recién pintada lucía un brillo a nuevo dentro de todos aquellos años que el tiempo había tejido en telarañas en el techo. Arriba estaba Eva.
- Hola
- Hola
- Te fuiste sin decir nada
- ........
- Saliste corriendo... no lo entiendo.
- ... no lo hagas. - una gaviota se sumergía en el mar picado - Sería que me agobié un poco... pero ya te digo que no tienes que entenderlo.
- No; pero somos amigas ¿verdad?, si Luis se puso pesadito...
- No fue Luis.
- Es así, dice lo primero que le viene a la cabeza, se entusiasma el solito pero es buena gente.
- Ya te digo que no es por él.
- ¿Entonces por qué es?
- Por nada.
- Ahh... nací ayer ¿sabes?
- ¿Qué quieres que te diga? Me sentía mal y me fui a mi casa, la fiesta siguió y todos hicimos lo que queríamos hacer. No sé por qué le das tantas vueltas, no sé por qué buscas cosas donde no las hay... que yo sepa tampoco fue una pérdida tan irreparable.
- ¿Qué busco cosas donde no las hay?... joer, Lucía, no fui yo quien desapareció echando leches como si fuera visto un fantasma, eso es decir las cosas como son y al pan pan y al vino vino como decía mi abuela... :D... Además de que me estás hablando como si yo tuviera la culpa de algo.
- Pues entonces déjame, déjalo, ya está ¿no?... estoy algo borde, lo sé. Lo sé. - se pasó una mano por el pelo -.
- Si, pues tú lo sabrás porque yo no me entero de nada. Primero coges, te pones a bailar con él y todos nos lo estamos pasando tan bien, vienes, me buscas, nos ves a Marta y a mi y te vas dejándonos allí alucinadas a las dos - negó con la cabeza - me parece que allí en Madrid nos os enseñan mucho sentido común.
- Ya
- Ya... (suspiró) bueno, ¿bajaras luego a la playa o tampoco?
- Ja... si claro, bajaré luego. Nos vemos.
- Vale.
- Eva
- ¿Qué?
- ...no, nada.
- Entonces hasta luego.
- Hasta luego.
Al atardecer le decían crepúsculo, a Almería la ciudad de la luz. La arena reflejaba el sol en cada poro, ahora ya perdiéndose por el oeste entre nubes rojas por el viento que haría al día siguiente y juegos de colores verde y azules. Lucía sentada encima de su camiseta levantaba de vez en cuando la mirada, el lápiz en sus manos se movía rápidamente dejando trazos como sirenas y claroscuros como velas. No oyó a Eva hasta que se sentó a su lado y sin decir nada se quedó pensativa mirando la acuarela del horizonte y después su dibujo.
- Es precioso, no sabía que también pintabas, eres toda una artista.
- Gracias. Pero no soy yo, es este paisaje que te llega... te recuerda a esos dibujos fantásticos con castillos y atardeceres interminables, interminablemente rojos, interminablemente llenos.
- Yo nunca supe dibujar tan bien, llevo toda mi vida aquí desde que era una cría y nunca lo miré así pero tu has llegado y lo has llenado de poesía.
- :D... gracias; si, la verdad es que es precioso.
- Pero no es lo único bonito que hay aquí - lo dijo de una forma especial, nunca la había mirado como lo hacía en aquel momento, era casi como si estuviera a medio camino entre ese lugar y una esquina de su imaginación que sólo ella veía -.
Lucía firmó el dibujo, echó un último vistazo y se lo tendió.
- Así siempre tendrás un recuerdo mío.
Hizo un ademán de cogerlo, justo antes de levantar la mano la dejó quieta y bajó los ojos, parecía que estuviera hablando consigo misma. Se había hecho silencio, las olas lamían eternas la playa con ellas dos solas, dos sirenas encontradas por la suerte de algún destino despistado. Levantó la mirada y cuando lo hizo sus ojos tenían un brillo especial, distinto, cogió el lápiz y mordiéndolo suavemente dijo:
- Píntame. Píntame a mí.
- ¿A ti?... no es lo mismo un retrato que un paisaje.
- No te pido un retrato, quiero decir, no quiero una foto o algo así. Quiero que me pintes, que me pintes como tú me ves, aquí, en esta playa, ahora. Quiero guardar este momento de tu mano.
- Mmmm... está bien. Ponte ahí, si ahí. Quédate... quédate mirando al mar, así, muy bien. No, relájate, quédate con la mirada perdida... si... Dios, qué guapa eres.
Eva sonrió halagada, esto es lo más cercano a acariciarla que haré nunca, pensó Lucía, es casi como si el lápiz la acariciara en el papel, la cara, el cuerpo, los labios... uff, estoy a punto de derretir la punta.
Empezó a trazar los contornos suavemente, situar la perspectiva le llevó un par de minutos junto con pensar cómo pondría la luz. Soslayó por encima los tonos del mar y el perfil de Eva, cuando comenzó a dibujarla la mano le temblaba un poco. Perfiló sus hombros, la línea de su espalda, la curva de su pecho, la silueta de sus piernas cruzadas... a cada línea que surcaba el papel, a cada mirada que levantaba, notaba como se iba sintiendo llena de una calidez que era mitad nerviosismo y mitad sencilla satisfacción. No era la primera vez que se detenía a mirarla en profundidad pero sí la primera que lo hacía sabiendo que ella lo sabía; esa sensación era... pero no tenía palabras para expresarlo, estaba al borde entre seguir callada y acercarse a ella y besarla interminablemente, tan profundamente que le llegara al corazón y al alma. Sentía una creciente excitación de todos sus sentidos que le llevaba a flotar en esos instantes que quería que no terminaran nunca y a la vez que se estiraran lo suficiente para cogerla de la mano y hacer realidad su sueño.
Terminó el dibujo, lo volvió a firmar y escribió algo detrás, se levantó y se lo tendió por segunda vez.
- Espero que este si lo guardes contigo.
- A v... Lucía, es genial... - se puso de pie y le dio un beso en la mejilla - Gracias, te prometo que nunca olvidaré este verano, esto es especial para mí... porque tú también lo eres.
- Oh... espera a ver la dedicatoria, :D... pero tú eres mil veces más guapa de lo que ningún dibujo puede mostrar... tú sí que eres inolvidable. Y na, que me tengo que ir ya... mi tío llevará dos horas buscándome por todo el pueblo, :D. Me dijo que fuera antes de que anocheciera a ayudarle con no se qué y mira que hora es... Hasta luego.
Sin darle tiempo a contestarle se fue hacia las tablas que cruzaban la arena, cuando estuvo segura de que no podía verla se llevó una mano a la mejilla... me ha besado, pensó, me ha besado.
Eva siguió con la vista a Lucía hasta que ésta desapareció y entonces dio la vuelta a la hoja.
"Para la sirena en tierra que una noche me enseñó que las estrellas más bonitas son las de sus ojos. Aquí está mi alma, en este mar, en estos trazos... Eterna como tu mirada en mi corazón.
Lucía"
Abrió la boca para decir algo, miró hacia donde se había ido y sin pensarlo acarició su letra. Un pensamiento se elevó a la noche, un pensamiento que era el suspiro enamorado que deseaba que sus sueños se hicieran realidad, que aquello que llevaba tanto tiempo sintiendo no fuera una locura, y que aquello que sus dedos recorrían, fueran algo más que palabras.

Hasta el amanecer 4




CAPITULO IV

- Estás muy seria, Lucía. ¿No te han llegado las cartas del novio?
- Vale ya, Luis. Déjala - dudó un instante - ¿estás bien Lucía?
- Si, estupendamente Marta - encima es amable, pensó Lucía consternada, y guapa, tiene buen gusto.
- Ehhh!... anda que esperáis.
- :D... César, para variar, como nunca el último. Ya nos íbamos, sabes?
- Joer, Eva, si es que nunca me decís a donde vais hasta que ya estáis en camino, así no hay forma.
- ¿Pero tú has mirado hoy el almanaque, tonto? Dime qué día es hoy.
- ¿Hoy? pues...
- San Juan. San Juan!!...
Lucía no pudo evitar ver la mirada cómplice que unió por un momento los ojos de Eva y Marta.
- Ostias, es verdad.
- Claroo, hombre, nos vamos de hogueras, ¿verdad que sí Lucía? Lucía... ¿Lucía?... tierra llamando a Lucía, tierra...
- Si, Luis, claro. Es lo más bonito de San Juan ¿no?. Las hogueras, sólo que este año no tengo libros ni apuntes que quemar - esbozó una mueca irónica -.
- ¿Tú nunca has visto las hogueras en la playa, verdad?
Parecía que a Marta le había caído simpática, era increíble lo que hablaba en una tarde esa niña, y cada roce ¿casual? que le daba a la pierna o al brazo de Eva se le clavaba en el alma.
- Esta noche las verás, ella - señalando a Eva - lo tiene todo preparado, su padre le ha dado algunas redes viejas y él - señalando a César - traerá trast... digo muebles viejos de su casa... Va a ser una noche única.
Otra vez la mirada. Lucía se alejó ligeramente del grupo y empezó a caminar hacia la acera que estaba más cerca del mar.
- Lucía ¿dónde vas?
- Déjala, ya se le pasará, parece que necesita aire.
- ¿Y tú qué sabes de mujeres César? Eh, Lucía, Lucía!
- Este Luis... - Marta pensativa se giró hacia Eva - tú que la conoces mejor que nadie ve, anda, y quítale a ese pesao de encima.
El fuego sobre el mar era tan perfecto que alguien podía haber pensado que las llamas le estaban haciendo el amor a las olas; las ramas y los muebles crepitaban compitiendo con el rumor de la espuma que venía a morir a la orilla, las chispas saltaban jugando con el aire que llamaba a la brisa del sur para gritar al viento, al mundo, a las estrellas, que ellos eran los jóvenes, los de las miradas fugaces, los de la vida en un puño, y lo sabían. Aquellas llamas sólo propagaban una verdad, el presente es tuyo ¿puedes sentirlo?
- ¿Quién me ha pedido un Martini? - gritaba César a pleno pulmón.
- Yo! Y dame otro para Jesús
- Que sean dos.
- A ver cómo suena esto... - Marta fue a agarrar a Eva de la cintura.
"¿Yo quiero bailar, toda la noche...?"
El calor de las hogueras se iba uniendo, poco a poco, con el de la gente del pueblo que llegaba, bailando, saltando, besándose...
Lucía consintió en bailar con Luis que ya no sabía qué hacer para llamar su atención.
- SEEE QUE CUANDO LLEGA EL CALOR LOS CHICOS SE ENAMORAN... ES LA BRISA Y EL SOLLLL... ACÉRCATE, VEN, MI DESEO TE CONFESAREEEEEE...
- Luis!! Que va a llover...:D...
- Ayy... si es que no me entienden, Lucía... YO QUIERO BAILAR T... ¿Dónde está Marta? ¿no estaba antes aquí?
- No... no sé, la última vez que la vi estaba poniendo música con Eva.
- Búscala, anda, que ya casi son las 12 y tú te conoces la zona y donde suele ir Eva.
- Ummm...
- Andaaa... como no vayas pronto empezaré a comerte a besos.
- Estás loco...
- Si, loco por ti.
- :D... anda, voy. Además, va a llover.
Consiguió soltarse de él y esquivar a dos o tres parejas que corrían al mar. Pasó junto a las últimas hogueras y se le ocurrió ir hasta la casa de Eva. Las luces estaban apagadas, a través de los cristales sólo se veía oscuridad adivinándose las siluetas de los muebles, la puerta también estaba cerrada. ¿Dónde se habrán metido?, pensó, se acercó a la esquina que quedaba oculta a la playa de cara a las rocas, mientas volvía la esquina un pensamiento fugazmente inquietante cruzó su mente ¿qué estaba haciendo ella allí?... Recorrió la pared blanca con la mano, manchándose de cal, y se quedó parada de golpe. Eva tenía cogida a Marta por la cintura y ésta pasaba los brazos sobre su cuello a la vez que la besaba profunda y firmemente.
Lucía se sintió morir. Nada que hubiera visto se le habría afilado tanto en el alma como aquello, quería irse, echar a correr de allí inmediatamente, pero tenía los pies clavados al suelo y los ojos fijos en los labios entreabiertos de Eva.
Como si presintiera algo abrió los ojos, inconscientemente aumentó la presión sobre las caderas de Marta de forma que ésta, extrañada, también abrió los ojos separándose un poco de ella.
- ¿Qué...?
No quería hogueras, no quería baños a medianoche, sólo quería que la lluvia que caía sobre sus hombros se fundiera con sus lágrimas, así sabrían menos a sal, menos a sí mismas. Había dejado de correr, caminaba sin rumbo fijo, sentía como si dentro de ella se hubiera roto algo, una ilusión, una esperanza. No podía quitarse aquella imagen de la cabeza, había soñado tantas veces esa misma escena con ellas dos, sintiendo los labios de Eva sobre los suyos, sus manos recorriendo su cuerpo, sus contornos, sus curvas... sintiendo la pasión que ahora la ahogaba brotando de su boca a la suya, llenando sus sentidos del deseo que la volvía loca. La llave le temblaba en los dedos, las gotas empapaban la acera y la cerradura se le escapaba una y otra vez, cerró los ojos contra la puerta y asió fuertemente el picaporte mientras volvía a intentarlo. Chas, el chasquido la introdujo en las sombras de la casa que dijeron adiós a las luces de la calle. Se sentó de cara a la ventana, a lo lejos se escuchaba I need you tonight de INXS; ¿por qué? Se preguntó, ¿por qué?... Dios, la quería, la quería con toda su alma, sería capaz de dar la vida por ella... quería morirse, quería vivir para enamorarla, la odiaba por no darse cuenta de nada, la amaba por ser el amor de su vida. Las últimas gotas de lluvia mojaron los cristales, hacían reflejos a la luz de la luna, ¿pensará en mí alguna vez?... las 12 en el reloj sonaron, había salido el arco iris, creyó en la magia, aquella noche creyó, después de todo, en la magia, elevó sus sueños allí donde los deseos se confunden con el azul del cielo y creyó en el poder de la fe; miró al arco iris y se quedó un rato así, la mirada en las estrellas, el alma en los labios.

Hasta el amanecer 3



CAPITULO III

Sus reflejos se perdían varios nudos hacia el horizonte, en las puntas de la marea picada había chispas que se confundían con estrellas que se hubieran cansado de dormir el cosmos y quisieran jugar un rato con los enamorados para regalarse compitiendo con la luna. A lo lejos se solían ver los cargueros regresando a puerto, los grandes barcos de pasajeros, con sus tres pisos de camarotes y sus enormes chimeneas, puntos luminosos en la oscuridad bañados por el haz fugaz del faro y devueltos a la realidad unos instantes, justo cuando creías saber lo que estabas viendo, como en el amor, entonces la madrugada volvía a dejar caer su velo y el candil de la imaginación volvía a encenderse. A Eva le gustaba adivinar si la barca pesquera que echaba sus redes en la claridad de la luna despejada era la de su padre. Desde pequeña había vivido allí, respirando entre pescadores, redes, aprendiendo las señales en morse de los faros y creciendo entre algas y caracolas; muchas noches miraba a Lucía preguntándose si se quedaría lo suficiente para ver si le terminaba gustando tanto como a ella, o no.
Bajaron por el camino entre las rocas, con cuidado de no resbalarse, hasta la arena. Hacía un sol cegador esa mañana, Lucía hizo una visera con las manos y gritó:
- ¿Es aquí?
- Siii, espera, ya casi estamos, ahhh... esto está ardiendo, joer... ahh... tú te vas a quedar ciega pero yo me estoy quemando los pies...
- :D...
- No le veo la gracia... - los brazos puestos en jarras le daban un aire irresistible para la risa de Lucía que echó un vistazo a su alrededor tratando de contenerse -.
- No parece que venga mucha gente por aquí - recogió una concha del suelo - está demasiado limpio, sin huellas ni señales del paso de vida turística.
- Ven, mira, es aquí. ¿Qué te parece?
La cala se abría hasta una zona con cuevas en las rocas y aguas transparentes, tanto como Lucía nunca imaginó que pudieran existir, se perfilaban los tonos rojos que el coral daba a las zonas que no estaban cubiertas de algas, la fina arena submarina surcada de pececillos y tranquilidad.
- Mmmm... es precioso. Es un sitio ideal...tranquilo, apartado, en buena compañía.
- Si, yo tampoco me quejo de la compañía - guiñó un ojo al tiempo que la salpicaba de agua - Voy a dentro ¿vienes?
- Si, ya voy.
- Vaaale.
Lucía se empezó a quitar la camiseta mientras intentaba desabrocharse los pantalones y dar saltitos sobre la arena para no quemarse ella también los pies, todo a la vez. También pensaba, corriendo hacia el rompeolas: Hoy, aquí, es el día, es el sitio ideal. Si... ¿lo entenderá? - un escalofrío recorrió su cuerpo al entrar en contacto con el agua - ... ayy... Dios... ¿realmente lo entenderá?... en todo el tiempo que llevo aquí no he salido con ningún chico, aparte de la sonrisa de turno en la presentación de turno no he dicho palabra, incluso creo que alguna vez me ha visto mirarla... Si, no le des más vueltas Lucía, está decidido, lo decidiste ayer oyendo a Ismael, la ciudad parece un mundo cuando se ama a un habitante recuerdas?... Si, pero eso fue ayer, jeje.
- Pero bueno, qué seria te has puesto - Eva la miraba divertida - ¿Sabes que estas más guapa cuando pones esa cara?
- :D... qué dices. Anda, te hecho una carrera, vamos!!
Cuando volvieron a la orilla el cansancio se notaba en sus movimientos, habían dado la vuelta a toda la cala y habían buceado hasta la entrada de una cueva. Lucía tenía una caracola en la mano y le daba vueltas.
- ¿Sabes? en Madrid nunca vi una de éstas como no fuera de plástico, jamás pensé que esto fuera a gustarme tanto, el lugar, la gente... tú - una media sonrisa le iluminó la cara - Al principio no quería venir, era mucho lo que dejaba atrás, mis amigos, mi familia... alguien a quien no quería dejar allí y olvidar, ahora veo que habría sido un error, aquí he encontrado...
- Espera, Lucía, antes de que sigas quiero contarte algo, algo que no sabes. Por eso te he traído a este lugar, es... es importante para mí, mucho. Y creo que debes saberlo.
Desconcertada, Lucía asintió con la cabeza. No puede ser que lo haya adivinado... ahora me dice que ya lo sabe y me muero, me muero aquí mismo delante de ella.
- En estas dos semanas que llevas aquí lo he pasado genial, han sido... especiales, siento que si ahora mismo te fueras de aquí, tu padre decidiera cambiar de lugar, esto, esta playa, yo... ninguno volveríamos a ser como antes. Por eso quiero ser sincera contigo, sé que vas a entender lo que te diga... y - ahogó una risita - me hace ilusión que así sea, que sea a ti a quien se lo diga.
Tragó saliva y le sonrió también, el pelo en los brazos se le había puesto de punta, el corazón le latía a cien por hora, pensaba que como no hablara pronto tendrían que reanimarla.
- Claro, dime
- Lucía... yo... soy lesbiana. Y estoy enamorada de alguien. Y por favor no te desmayes aquí.
- Eva... - las palabras yo también luchaban por salir de su boca pero se le atragantaban en los labios -.
- Bien, sigues ahí, uff... Lucía, Lucía, ¿conoces a Marta? la chica de la panadería... tal vez... tal vez empecemos a salir.
De repente supo lo que se sentía cuando se le helaba a una la sangre, así, de golpe, de hecho antes de pensar que ojalá se la tragara la tierra llegó a preguntarse si la temperatura no habría bajado al menos 20 grados.
- Lucía ¿hola?... - esa media sonrisa que le daba ese atractivo tan irresistible - ¿lo entiendes, verdad? por eso los chicos del pueblo sólo querían conocerte a ti, tú eres guapa, y simpática, y conmigo lo tienen todo perdido. A Marta tampoco la dejan... es increíble que se haya fijado en mi. Bien, parece que te vas recobrando, en un par de días, con dos pastillas de esto y tres de aquello se encontrará totalmente restablecida, señorita, :D - fue un alivio reírse de nuevo - En serio, quería decírtelo porque eres mi amiga, la mejor que tengo y que he tenido.
- Gracias.
Tenía un nudo en la garganta, quería escapar, llorar, tirarse encima de la cama y olvidar que allí fuera había algo llamado mundo, quería gritar al aire porqué narices se sentía tan imbécil.
- Sabes que puedes contarme lo que quieras... y lo entiendo, el amor no depende del sexo de la otra persona, es del alma de quien nos enamoramos.
Eva respiró profundamente, su cara estaba radiante de alivio.
- Siii... muacksss - le estampó un beso en la mejilla - ¿qué hora es?, tengo que ir a mi casa, ost... nos vemos esta tarde!
Y echó a correr como si le persiguiera alguien.
- Si - notaba el calor y la humedad del beso en la mejilla- si... corre, oh Dios.

Hasta el amanecer 2


CAPITULO II



Su habitación en casa de su tío era pequeña, con las paredes pintadas de la misma cal blanca del faro y cortinas estampadas de colores claros, tenía los muebles justos para que resultara cómoda y no faltara espacio, una cama, un armario y un escritorio de madera con una silla. La ventana daba al mar, se respiraba un agradable olor a salitre; sentada en el suelo, con la cabeza contra el filo del colchón, Lucía pensaba en la sonrisa de Eva. Y en sus ojos. Y en sus brazos, bronceados por el sol y llenos de pecas. Y en sus labios. Le gustaba; si, le gustaba mucho. Mucho. Demasiado... suspiró mirando al techo, desde esa postura si giraba un poco el cuello podía ver el cielo, sin una nube, a la vez que entraba la marea de la tarde. En aquella semana le había enseñado ya todo el pueblo, el funcionamiento del faro, la playa, las rocas donde podían encontrar erizos y cangrejos... tenía una energía, una vitalidad que parecía no acabarse nunca, una risa... irresistible, sólo con oírla le daban ganas de reír también a ella; era increíble, pero solo en siete días era como si sólo existiera aquella cala y aquella chica para ella. Cada vez que la veía se sentía la chica más feliz del mundo, su piel se estremecía al más mínimo roce, sentía una especie de cosquilleo desquiciante por las caderas que le subía hasta la garganta, hasta la boca y su ansias y se mezclaba con esa otra sensación, más profunda y dolorosa, que encogía su alma dentro del pecho. Por las noches sólo soñaba con estar con ella, con saber que ella también estaba en sus sueños, que de alguna forma también le pertenecían, soñaba con confundirse con su ropa y susurrarle interminables palabras de amor para sentirla derritiéndose en sus brazos como ella se derretía al imaginarlo. Era... intentaba encontrar la palabra que pudiera describirla, cogió el papel y escribió: ¿... como un rayo de sol reflejado en un rayo de luna, como la espuma del mar que te salpica y te llega al corazón?. Se quedó pensativa. Se llevó una mano a la cara frotándola lenta pero fuertemente; no, no. ¿Se había enamorado?... Deseaba acercarse a su oído y girar de improviso hacia su cuello, aspirar su aroma, besarla... Ayy... no, te has enamorado Lucía, te has enamorado y no es sólo este cielo, esta playa, este verano. Es tu chica. Es...
Pero no pudo terminar la frase, se echó a llorar con la cabeza entre las piernas y el alma en cada lágrima.
Se levantó y se dejó hundir en sí misma con Sinead O'Connor, Nothing compares you llenaba todo el vacío que las paredes retenían. Llevó una mano al cristal mientras contemplaba el atardecer poniéndose contra el azur salino y una palabra brotaba cálida y serena de sus labios: Eva. En ese momento se abrió la puerta. El farero se quedó mirando sin entender la escena que se escondía a sus ojos; los misterios de la juventud, pensó, se acercó a su sobrina con cariño, ese cariño natural, algo torpe y amable que caracteriza a los marinos en tierra, gente de pocas palabras y manos que se tienden, dadas.
- Como pongas la música tan alta no vas a escuchar cuando la cena esté lista y se te enfriará.
Apartó su rostro de la ventana y le dedicó la mejor sonrisa que pudo reunir.
- Lo siento, tío.
Era un hombre sin hijos, su mujer hacía tiempo que descansaba en un lugar desde donde sólo se podían ver las margaritas y los hinojos silvestres, pero reconocía lo que había detrás de aquellos ojos marrones, con aquel brillo inconfundible.
- Lucía ¿de verdad que estás a gusto aquí?
- Tío, me encanta esto, es... genial, de verdad.
- ¿Entonces qué es?
- Nada, no es nada. Sólo... nada.
Se encogió de hombros.
- Nada.
Sus ojos decían una verdad muy distinta; era todo, todo, estaba enamorada,
perdidamente enamorada de aquellos rizos pelirrojos que soñaba acariciar una
y otra vez.
Manuel le plantó un sonoro beso en la mejilla y se encaminó hacia la puerta.
- ¿Sabes? me recuerdas a tu madre... eres igual que ella, tan melancólica,
tan lejana con esa expresión soñadora... Ella también tenía esa mirada,
siempre me recordó en brillo que tiene el metal del ancla cuando está bajo
el agua. Era capaz de conseguir cualquier cosa que se propusiera, sabía que
sólo ella podía encontrar su puerto.
No vuelvas muy tarde esta noche, tienes que ayudarme a encender el faro, Eva
tiene el día libre.
- ¿Qué?
- Que Eva tiene el día libre así que tienes que quedarte tú.
- Ah. Vale. Si, estaré a las 12.

Hasta el amanecer 1


A veces la espuma del mar, un trozo de azul de cielo, unas pisadas sobre la arena, llevan dentro una de tantas historias de amor que nos vencen y nos elevan, hasta el infinito

CAPITULO 1

La luz sobre el mar despedía reflejos que le hacían entornar la vista al mirar el horizonte azul. Estaba descalza sobre la fina arena mojada con las zapatillas atadas por los cordones colgando de una mano, su mirada absorta se doraba al calor del sol de agosto, respirando el profundo olor a sal y a algas, a lágrimas y a corazón temblando en las alas del viento. Mientras paseaba, lentamente, sintiendo como el agua bañaba su piel, se dejaba invadir por el sonido de las olas que rompían y morían en la orilla; se agachó y siguiendo un impulso dibujó un corazón en la arena y en él dos nombres, Eva... y Lucía. Lucía. Se quedó mirando un momento con el tiempo perdido aquel nombre. En cuclillas, el atardecer empezó a caer sobre sus ojos y con él las primeras estrellas, levantándose, humedeció de blanca espuma su cara y pronunció su nombre en alto: Lucía. Su alma estaba muy lejos de aquella mar, su voz empezó a recordar y a dejar morir también su pena bajo la luna.
-------------------------
La puerta quedó abierta, en el vaivén sus latidos giraban al ritmo de los goznes de cobre, o tal vez de plata, sin óxido, relucientes, marítimos como las ideas que marcaban las cadencias de esa voz lejana, la brisa. No era de hierro, no tenía cerradura ni siquiera alguien que la cuidara; cuántos días habría visto pasar la madera desteñida de barniz, no se sabía, pero ahí estaba, girando una y otra vez sobre sí misma, atrás, adelante, atrás, adelante, de nuevo atrás, balanceándose sin prisa dentro de su marco blanco, absuelto de cualquier crujido o rasguño que indicara que por allí había pasado el tiempo. Se respiraba limpieza, el seco olor a cal junto con la aspereza de su tacto, el mar hacía más blanco si cabe el color del faro donde a intervalos irregulares se veían tres ventanas encajadas en sus pequeños marcos marrones con un poco de hierba, rala, creciendo en algunas esquinas.
Al fondo había una escalera, desde abajo parecía que ascendiera interminablemente, como si llevara al trono de algún Dios esperando con los brazos abiertos en la entrada del paraíso. Si empezabas a subir, te ibas dando cuenta de que algunos peldaños estaban sueltos, otros casi en equilibrio sobre el aire, algunos conservaban un aspecto libre de polvo y de humedad, en ninguno había señales de insectos o de suciedad, sólo las huellas que habían marcado el paso lento de muchas pisadas cansadas. Al llegar a la cima, lo primero que te sorprendía era el cambio tan grande, o quizás brusco, que se daba de repente en la mirada de quien subía; esperabas ver aparecer suavemente un aumento gradual en la luz, un tono cada vez más claro en las paredes, también blancas por dentro, respirar acaso el polvillo de la hojarasca y las ramillas amontonadas al levantar el vuelo una gaviota asustada... Sin embargo el blanco cambiaba de apagado a deslumbrante, radiante, en un segundo te sentías inundada por la luz como por una ola gigantesca de calor mojado, cegador, pero de una forma tan agradable que en seguida, de alguna manera, te sentías en casa, como si al levantar los ojos con una mano a su altura y desaparecer por un instante de ti misma en el horizonte inmensamente azul que se abría ante ti, siempre lo hubiera sido.
Lucía salió al balcón y se quedó mirando al mar apoyada con los codos en la vieja barandilla de hierro. La vista era realmente magnífica, desde allí se divisaba todo el Mediterráneo, parecía no tener fin, al este, norte y oeste agua, al sur el cabo de San José. Dejó escapar un suspiro, solamente podía pensar en como sería su nueva vida rodeada de todo aquel azur, siempre había querido vivir en un sitio así, ahora lo sabía, al principio de conocer la idea se había negado en rotundo, sus amigos, su casa, su familia, su ciudad... Madrid era algo que no cambiaría por nada, dijo... pero la sonrisa que se dibujaba en su rostro desmentía sus palabras.
La conoció esa misma mañana, solía ir allí a menudo, estaba enamorada del mar como tantos espíritus anclados en tierra. De vez en cuando se llevaba una mano al pelo que la brisa jugaba a despeinar, como si la hubiera presentido desvió la vista un instante hacia ella, más tarde pensaría que fue en aquel momento cuando perdió su corazón en sus manos, entonces sólo pudo sentir que rozaba el cielo al sentir sus ojos azules en los suyos. Se quedó un instante mirándola, era casi como si la hubiera estado esperando.
- Veo que has encontrado el faro por ti misma - una fresca voz sonó con el pelo alborotado - ¿esa sonrisa significa que te gusta?
- Siii... es... es sencillamente magnífico, nunca había visto el mar ¿sabes? - la miró directamente, parecía que las sorpresas allí nunca acabaran porque era la chica más guapa que había visto - mi tío me había hablado mucho de esto pero...
- ... no sabías si sería suficiente para dejar Madrid ¿verdad?... :D... no me mires así, sabía que vendrías porque tu tío me lo dijo, eres la sobrina de Manuel; yo soy Eva, mis padres son pescadores y ayudo a tu tío con el faro... Tienes razón es magnífico.
Se miraron un intenso segundo a los ojos.
- Yo soy Lucía. Mmmm... ¿qué te parece si me enseñas tu el resto?
- Claro. Ven, daremos una vuelta por la playa.
- Vale. Aunque da lástima dejar esta vista... durante las noches tiene que ser aún más bonita, cuando se encienda y todo sean puntos de luz.
- Si... a mi me encanta, señora poeta, :D.
- :D...
Bajaron por la escalera de caracol y Eva cerró la puerta pensando que parecían de la misma edad, unos 18 o 19 más o menos calculó a ojo, lo que si sabía es que le había caído muy bien, llevaba unos vaqueros desgastados y una camiseta de tirantes blanca, con el pelo negro largo. Se miraron de nuevo y se echó a reír.
- ¿Porqué me miras tanto? :D... ¿te dijo mi tío que las madrileñas somos bichos de ciudad inadaptados a la costa? Tranquila, de momento no me he vuelto verde ni nada de eso...
- :D... no, me preguntaba que edad tendrías.
- 18 ¿y tu?
- 19
Silencio.
- Creo que voy a estar aquí bastante tiempo esta vez, lo presiento. Mi padre ha conseguido un buen trabajo en el puerto.
- Siento lo de tu madre. Manuel me lo contó...tiene que ser duro para ti venir a una ciudad que no conoces, perder a tu madre en aquel accidente y casi no ver a tu padre.
- Si... lo es. Ahh, pero... ¿has visto que bien suenan las olas al romper en la orilla? Creo que me meteré con ropa y todo...
- Estás loca - dijo riéndose - eh!... espérame!
Eva echó a correr detrás de Lucía que ya tenía el agua hasta las rodillas y estaba quitándose la camiseta descubriendo un bikini celeste.....

Mentiras


Sé que es más fácil y más deseable dejarse llevar por el olvido, tapar estos años con mentiras, con las acusaciones acumuladas y todos los reproches que hayas tenido a bien acumular. Y que admitir que nos quisimos, el tiempo que duró la historia, será dejar la herida abierta y permitir esa ventana a la decepción de saber que tuvimos algo que no volverá, que se perdió y que hay que seguir adelante.

Pero quiero que me mires y que no se engañen nuestros ojos. Y que llores si has de llorar, la pérdida lo merece.

Comentarios:
nati>
Buena muy buena continuación. Esto empieza muy bien.

Ha pasado mucho tiempo desde aquellos juegos nuestros entre la infancia y la adolescencia. Después de nuestro último juego emprendimos caminos diferentes y en aquel entonces ni siquiera pense que lo nuestro pudo ser amor. Eramos demasiado jovenes para pensar en algo así. Son los años los que me han traido aquellos recuerdos y los que ahora me hacen pensar en aquella canción nuestra que tantas veces ecuchamos juntos y que hasta nos parecía repipi. ¿Como llamavamos al amor en aquel entonces? Ah si ya recuerdo. Gilipolleces.
Todo da igual ya nada importa. Todo tiene su fin.
Esta pequeña estrofa de aquella canción nuestra martillea en mi cabeza y cuando dice todo tiene su fin, pienso en la estupidez humana e imploro para que Los Modulos se equivoquen y digan: Todo Vuelve A Empezar.

TENGO UNA ESPINA CLAVADA EN MI CORAZÓN


TENGO UNA ESPINA CLAVADA EN MI CORAZÓN

Alicia volvió al día siguiente al cementerio. Necesitaba estar a solas en la tumba de Andrea. Ver la tumba de cerca. El día del entierro no había querido acercarse. Demasiado dolor junto. Estaba ya cerca de la tumba cuando observo a una joven al pie de la misma. No esperaba encontrar a nadie aquello le produjo desasosiego. Pensó en marcharse pero se dijo así misma que tal vez se irían pronto y decidió acercarse a otra tumba junto a la de Andrea y ver si podía captar alguna conversación de aquella pareja.

Rosa estaba junto a su marido al pie de aquella triste tumba.

-Luis Andrea no merecía esto. ¡No lo merecía! ¿Por qué se cebo la vida con ella tan brutalmente? ¿Por qué?
-¿La apreciabas mucho verdad?
-No Luis pase de apreciarla a quererla.
-Si yo también la quise mucho. ¿Recuerdas cuando nos presento?
-Si lo recuerdo muy bien. Ya lo creó que si.
-A mí siempre me decía. ¿Y tu Luis a que esperas para conocer lo lindo que es el amor? Ella estaba tan enamorada de Patricia que solo deseaba que el mundo entero compartiera aquel sentimiento. Un día me dijo:
-¿Sabes qué Luis? Conozco una chica preciosa que no tiene pareja. Se llama Rosa y fue compañera mía en el instituto. Es buena chica, muy buena chica. Ella y yo tuvimos una época que no nos llevábamos demasiado bien pero aquello pasó y ahora somos grandes amigas y por lo que yo la conozco creo que tú serías el tipo de chico que a ella le gusta y si encimas sabes amar tan bien como lo hacía tu hermana a Rosa le habrá tocado la lotería. Y a ti también claro está, porque es un monumento de chavala y buena muy buena persona. ¿Por qué no te animas y te la presento? Y así fue como nos presento.
-Si Luis cariño. Y Andrea tenía razón. Me toco la lotería contigo. En todos los sentidos de la vida.
-Gracias Rosa. También tuvo razón al decirme que a mí también me tocaba la lotería.
-¿Dios mío que necesidad tenía de cebarte con Andrea de está forma?
-Tranquila Rosa. Mira ahora están juntas las tres.- Rosa y Luis miraron hacía la lapida. En ella se leía una inscripción.

Aquí yace para la eternidad mi hija Andrea junto a las personas que más quiso en su vida. Maribel y Patricia. Algún día me gustaría estar con ellas y mi Julia.
Desconocida. No se quien eres. No te he visto nunca pero mi hija se ha llevado en su corazón junto a Maribel y Patricia un trocito de ti. Si algún día lees esto, me gustaría conocerte. Mi hija no merecía este final. Descanse en paz.

Tras este texto principal en la lapida le seguía un pequeño texto que Rita pidió a Carmen que por favor lo incluyera.

Esta es la historia de un sábado de no importa que mes y de un hombre sentado al piano de no importa que viejo café.

Solo incluía esta estrofa de aquella canción que Rita vio interpretar a Andrea con la fuerza de un huracán cuando murió Maribel. Nunca Rita había hablado de ello pero ese día aquella canción recorrió sus entrañas sacudiendo su cuerpo con la misma fuerza de ese huracán en la voz de Andrea y en sus manos sobre el piano.



Rosa rompió a llorar tras leer aquella inscripción. Había leído muchas lapidas pero ninguna le pareció tan llena de dolor y sentimiento como aquella.

Adiós Andrea. Te queremos y nuca te olvidaremos. ¡NUNCA!
Rosa y Luis depositaron sobre la tumba las flores que potaban la tarjeta con aquellas palabras de adiós.
Alicia los vio marchar y cuando creyó que ya no podían verla sobre la tumba de Andrea se coloco frente a ella. Había conseguido escuchar toda la conversación de aquella pareja. Vio también en sus rostros el mismo dolor que vio en los demás el día anterior.

-¿Por qué Andrea? ¿Por qué? El cáncer te hubiera llevado de todas formas pero el tiempo que hubiéramos estado juntas yo te habría hecho feliz y estoy segura de que tú a mí también. Me duele tanto como me despedí de ti el único día que hicimos el amor. El día más maravilloso de mi vida. Fuiste capaz de darme tanto en una sola noche que me vuelvo loca de pensar lo que me hubieras sido capaz de dar si hubiéramos tenido un poquito, solo un poquito de suerte. ¿Dios mío tanto pedir era eso?
Alicia comenzó a sollozar en silencio. Imposibilitada para detener su propia emoción. Se arrodillo sobre la tumba y comenzó a golpearla.
-¡No quiero dejar de llorar! ¡No quiero! ¡No quiero!- Y fue repitiendo no quiero hasta que el tono de su voz se fue apagando lentamente mientras los golpes sobre la tumba de Andrea eran cada vez más débiles. Alzo su cabeza y fue entonces cuando vio por primera vez la inscripción en la lapida. La leyó entera y comenzó a repetir una y otra vez:
Maribel, Patricia, Desconocida, Maribel, Patricia, Desconocida. Alicia dejo de repetir aquellos nombres.
-Andrea tengo una enorme espina clavada en mi corazón. Una espina que me esta desangrando. No puedo seguir viviendo con el recuerdo de cuando me despedí de ti. ¡No puedo Andrea! No puedo y he de quitarme está espina. Solo entonces podré vivir y descansar. No es que quiera olvidarme de ti. Eso jamás ocurrirá ni aunque el mundo reviente, pero necesito descansar. Necesito saber que no me guardas rencor por como me despedí de ti. Te juro que fue producto de un odio sin sentido. Un odio que jamás existió en mi corazón aunque si en mi mente. Y para ello necesito saber de ti, de Patricia de Maribel porque la desconocida soy yo ¿Verdad? Ellas tampoco existen ya pero tiene que haber gente personas que me quieran hablar de ello. Lo necesito Andrea. No te enfades por favor. No puedo con esta espina en mi corazón. Ya no puedo amarte Andrea. Te has ido y ya no puedo amarte pero necesito saber que algún día en esa lapida podía haber puesto Maribel, Patricia y Alicia. Lo necesito Andrea, lo necesito.

-¡Me cago en la puta madre que me pario!
-Bea cariño ¿Qué te ocurre?
-¿Qué me va a ocurrir? El puto Lorenzo Alicia el puto Lorenzo. Estoy trabajando y un sol de puta madre. Estoy de fiesta y venga a mear, y venga a mera, y venga a mear. Estoy hasta las putas tetas. Lo voy a vender todo y me voy a ir a Canarias y que le den por el culo a los putos meones de los cojones.
-Bea cariño tenemos que hablar.
-¿Ahora?
-Cuando te calmes un poco y vengas conmigo a la cama.
-Pues enseguida voy porque para que me estén meando aquí fuera prefiero que me mees tú en la cama.
-Bea no seas bestia. Dios mío que bruta eres.
-¿Y los putos meones no son bestias? Pues son unos cabrones entonces, que es peor.
-Bueno cariño cuando hagas tu reflexión de costumbre te espero en la cama. ¿Vale?
-Vale cariño. Te quiero.
-Y yo a ti mi amor.
Bea se sentó en su pequeña mecedora en el porche y vino a su mente aquel. Bea cariño tenemos que hablar. Por un momento corrió la angustia por su cuerpo. Ella sabía que Alicia le quería hablar de Andrea. Su intuición se lo decía. Desde que estuvieron en el entierro de aquella enigmática Andrea había notado un cambio en Alicia. Un cambió que la asustaba. Y sintió miedo de perder lo más bonito que le había pasado en toda su vida.
-Meones de la hostia. Me parece que hoy habéis pagado justos por pecadores. Bueno, será mejor no aplazarlo más. Bea al toro. La vida es así, llevas toda la vida luchando. Esta es solo una batalla más. La superaras.
Con esta reflexión Bea se dirigió a la habitación donde estaría Alicia esperándola.

-Alicia.
-Dime cariño.
-¿Me quieres hablar de Andrea verdad?
-Si.
-Antes de que me digas nada más. ¿Lo que me vas a decir implica que me vas a dejar?
-¿Dejarte? Bea ¿Cómo puedes pensar eso?
-No lo se Alicia. Estoy muy asutada.
-Por favor. Ven, ven aquí conmigo. Siéntate aquí a mi lado.- Bea se sentó en la cama junto a Alicia.
-Bea mi amor. Nunca, ¿Me oyes? Nunca he pensado en dejarte. Te amo.
-¿De verdad?- Pregunto Bea rompiendo a llora por la tensión acumulada y que ahora con las palabras de Alicia se veía aliviada.
-¿Entonces de que me quieres hablar?
-Ven aquí, metete en la cama conmigo. Ya hablaremos de eso mañana que tienes fiesta. Ahora necesitas mimos. Has debido sufrir mucho pensando que te iba a dejar.
-Pero tú………
-Sisssssssss No hables, acaríciame, dame un beso. Mañana hablamos.
-Alicia.
-¿Qué cariño?
-Estás en mi lado de la cama- Alicia rompió a reír.
-Eres incorregible Bea, incorregible. Encima que te lo dejo calentito para cuando vienes. Acuéstate anda que tú y yo tenemos cosas importantes que hacer.
-¿Cómo de importantes?
-Importantísimas, vitales- Alicia apago la luz de la habitación según pronunciaba sus últimas palabras entregándose las dos al juego del amor.

-Rita mi amor. ¿Te fijaste en el entierro de Andrea en aquellas dos chicas que estaban apartadas?
-Si Brenda me fije e intente reconocerlas pero no pude.
-Una de ellas estaba llorando y se le veía muy angustiada.
-Si ya me di cuenta.
-¿Crees que pudiera ser la desconocida?
-No lo se Brenda. No lo se. ¿Te diste cuenta que estaba Anabel?
-Si.
-Anabel me dio pena. Estaba realmente mal. Anabel no llevaba cinco minutos llorando. Anabel llevaba horas llorando. Estaba desfigurada. Los ojos hinchados, estaba realmente demacrada. No imagine que pudiera sentirse así por la muerte de Andrea. Estaba sufriendo y mucho. Estuve por acercarme y decirle que nos acompañara al pie de la tumba.
-No te preocupes Rita. Cuando nosotras nos fuimos ella se quedo y vi como se acerco hasta la lapida.
-Ha sido todo tan horrible.
-Rita, muy bonita tú idea de poner en la lapida las estrofas del Hombre Sentado Al Piano.
-No se lo pedí a Carmen por bonito. Desde que Andrea interpreto esa canción cuando murió Maribel supe la gran fuerza, la infinita fuerza que había en su corazón. Hasta ese momento yo apreciaba a Andrea pero después de eso me enamore de su persona, de su fuerza, de su pasión.
-La has querido horrores ¿Verdad? Ella también te quería muchísimo.
-Si Brenda. La he querido como a nadie- Dijo Rita con los ojos empapados en la emoción.
-Tranquila Rita cariño. Ya se que para ti era especial. Todas la queríamos. ¿Recuerdas la primera vez que fuimos a la cabaña de Amanda.
-¿Como no recordarlo? Allí se declararon amor Carmen y Julia, Amanda y Edurne y gracias a Andrea y Patricia tú y yo dejamos de ser gilipollas.
-Sí. Es verdad. Fuimos contagiadas de lesbianismo.
-Brenda cariño.
-Dime Rita.
-Hace mucho tiempo que hay algo que te quiero preguntar pero o se me olvida o no tenía para mi la importancia que tiene ahora.
-¿Qué es ello Rita?
-Veras. Estoy segura de que tú eres la única persona con vida que conoce el secreto de la canción de Patricia. Supongo que Andrea lo llego a conocer pero nunca me lo dijo, quizá porque no surgió el tema pero estoy segura de que ella si lo conocía y que tú también.
-¿Te refieres a Háblame Del Mar Marinero?
-Si.
-Veras…….. Sabes que Patricia nació en un pueblecito del interior en que no hay mar claro. Eso lo sabes ¿No?
-Si.
-Y también conoces la desgraciada infancia y adolescencia de Patricia ¿No?
-Si.
-Pues veras. En esa desgraciada infancia y adolescencia había algo que la ayudaba a mantenerse con vida. Algo sencillo, simple pero que a ella le daba fuerzas para continuar. Y es que solía ir la falda del monte Txindoki y allí se juntaba con un anciano que había pasado más de cincuenta años en el mar. Este anciano le contaba su vida, le hablaba de sus travesías, de lo rudo que es el mar pero también lo poético que es al mismo tiempo. Patricia gozaba con las historias de aquel anciano y mucho antes de que esa canción naciera ella siempre iba al Txindoki y le decía al anciano. ¡HABLAME DEL MAR MARINERO! Y el anciano siempre tenía una nueva aventura que contarle que narraba con autentica pasión. Haciendo que Patricia la viviera intensamente.
-Ese es el secreto por el que Patricia nunca podía dejar de llorar cuando escuchaba esa canción. Una vez compro el single de ese disco y delante de mis ojos lo puso sobre la tumba de aquel anciano. Esa noche después de eso y según me contó ella misma soñó con aquel anciano recordando alguna de las historias que le había contado pero en su sueño hubo una historia que nunca le había oído a aquel anciano. Escuchándola por primera vez en aquel sueño tras enterrar el disco en la tierra que cubre la tumba de de aquel marinero.
-¿Qué fuerte no?
-Si muy fuerte y bonito muy bonito ¿Verdad?
-Precioso, realmente precioso.


Momento de Silvina


Mi amante y yo

Nunca había tenido una experiencia con una mujer, siendo yo mujer. Si bien es cierto, que a lo largo de mi vida me he sentido atraída por mujeres, nunca había dado rienda a mis inquietudes, tan es así que me casé hace 5 años, durante mi matrimonio le he sido infiel a mi marido 1 vez con un hombre, y esta ocasión que les contaré con una mujer.

Nayeli, mi actual amante, llegó a mi vida cuando no la esperaba, yo ya estaba establecida con mi esposo, las ideas de estar con una mujer se habían alejado hacia ya tiempo de mi mente, mas de pronto ella se cruzó en mi camino, fue verla y sentirme atraída por ella. Compañera de trabajo durante 1 mes, cruzábamos miradas a cada instante., eran miradas que decían algo más... había algo oculto.

En una ocasión tuvimos que salir fuera juntas, por camión, a pesar de ir solas en todo el camión nos sentamos una junto a la otra, llevábamos como 15 minutos de camino, cuando ella estiró sus brazos y los pegó a mis tetas, yo sentí correr electricidad por mi cuerpo, me miró, se sonrió y fue cuando yo supe que ella me deseaba tanto como yo, crucé mi brazo y le cogí de la cara le miré a los ojos y le sonreí. Mas tarde después de ir platicando ella recargó su cabeza en mi hombro, yo comencé a acariciar su pelo, siempre rozando sus tetas con mi brazo, podía sentir su pezón erecto, su respiración caliente, entonces zafé mi brazo para rodearla con él, y ella se pegó a mi pecho, puso su mano entre mis tetas y su cara y comenzó a jugar con ellas, el chofer nos veía por su espejo retrovisor, a mí no me importaba, yo quería sentirla.

Ese viaje fue solo eso, mas al volver, como a las dos semanas salimos juntas a comer, después la invité a casa a tomar unas cervezas, mi esposo andaba fuera de pesca con sus amigos. Nos fuimos a casa y ahí estuvimos platicando, bebiendo, nos sentamos en diferente sillón, al final terminé sentándome junto a ella, demasiado cerca, entonces, ella me quiso enseñar unos aretes nuevos que había comprado, me acerqué todo lo que pude a ella, y la besé en el cuello, ella se hizo para atrás, como muestra de rechazo, pero yo me acerqué de nuevo, esta vez a sus labios, puse mis labios en sus labios, comencé a besarlos, suave, tiernamente, hasta sentir que ella cedía, entonces comencé a meter mi lengua y ella soltó la suya y comenzó a besarme desaforadamente, empezó a meterme mano por donde podía, nos sacamos la blusa, el pantalón, y nos quedamos en calzón y brassier, nos fuimos a mi recámara, besándonos por el camino a ella, y nos tiramos en la cama, fue entonces que yo le saqué el brasier, y el calzón , hice lo mismo con los míos y comencé a besarla toda, sus tetas eran grandes, lindas, pasaba la punta de mi lengua por su pezón erecto y ella se revolvía en la cama, fui bajando, comencé a besar su vientre, y ella me ponía sus manos en mi cabeza, empujándola hacia abajo, abrió sus piernas, y prácticamente metió mi cabeza entre ellas, yo comencé a chupar, a chupar, a chupar, ella gemía y gemía, metía mi lengua en su vagina y sentía viscoso... pasaba mi lengua por su clítoris y sentía como se estremecía, comencé a meter un dedo en su vagina, la exploré, busqué sus puntos de placer, comencé a jalar humedad hacia su ano comencé a jugar ahí, ella solo me decía: así, así Lola, así, así Lola, le metí tres dedos en la vagina y comencé con el mete saca, sin cansarme, resbalaba completamente, estaba empapada, comencé a sentir como se contraía su vagina y teniendo los tres dedos adentro, los abrí, entonces ella pegó un grito de placer, se ve que le encantó. llegamos juntas al orgasmo sin yo tocarme, entonces le tocó su turno a ella, se ve que ella tenía mas experiencia que yo, me hizo llegar al orgasmo 5 veces más.

Desde entonces, siempre buscamos momentos para estar juntas, como pareja funcionamos muy bien, no hay celos, ella me tiene solo a mí, yo tengo a mi esposo y a ella, le cuento de mis aventuras con él y eso a ella le encanta.

Momento de Claudia


Que se puede decir de ese momento en que por primera vez sentimos la piel de la mujer que tanto queríamos en nuestro cuerpo. Ese momento es inplvidable para todas. Pasaremos el resto de nuestras vidas con ese día en que se concretó nuestro sueño, o quizás en el que se resolvió nuestras dudas. Creo que la mayoría de las lesbianas llegamos a ese momento sabiendo que somos lesbianas pero con cierto miedo de que algo raro suceda a la hora de concretar. Por suerte mi primera vez fue perfecta, y eso se debió a que la persona que me acompañó era la ideal. Por eso esta foto quero dedicarsela a ella, que aunque ahora tenga otra pareja y yo también, ese momento quedó inmortalizado en nuestras vidas, estoy segura que vos Maru pensás lo mismo, no?

Claudia

Momentos de mujeres


Esta foto de lesbianas me encanta porque no es una foto de sexo. Es un momento romántico entre mujeres que las que tuvimos la suerte de vivirlo podemos decir que no hay nada más lindo que eso. Muchas veces, es cierto, el juego de las piernas termina desvirtuando el romanticismo y volvemos a caer en la tentación carnal. Pero no importa, esta foto habla por sí sola y me gustaría que dejen sus comentarios, e incluso, si se animan, cuenten la historia que esa foto seguro trajo a su memoria...

besos

Cristina

jueves, mayo 24, 2007

LA HISTORIA DE VANINA

Trabajo de recepcionista de un hotel doce horas por día turno noche. Es un lugar muy transitado, por ende, estoy todo el día relacionándome con gente de todas partes del mundo.
Ese día (10 de agosto), no eran más de las 23 horas, tuve que ir al décimo piso para retirar unos papeles de un pasajero. Los pasillos estaban desolados, todo estaba demasiado tranquilo. El ascensor llega a su destino, se abren las puertas y miro hacia ambos lados del pasillo. Voy a reconocer que tenía un poco de miedo ya que el hotel estaba casi vacío.
Caminé hasta la esquina del pasillo y me asomo silenciosamente para revisar si había alguien por ahí. De repente, veo a dos chicas apoyadas sobre el marco de la puerta de una habitación. Recordé automáticamente que esas muchachas eran de Londres y estaban de vacaciones por quince días en nuestro país.
Me quedé más tranquila al ver que estaba acompañada. Pero ellas no se percataron de mi presencia.
Seguí caminando hasta el final y me quedé asombradísima al ver algo raro (para mí)...¡¡eran dos mujeres besándose!!.
No lo podía creer. Pero ocurrió algo que nunca pensé que iba a pasar, en ningún momento corrí la mirada.
Me encantó observarlas. Sentí que quería unirme a ese beso. Era muy dulce.
Ellas no sabían que yo estaba mirándolas.
Hasta que volví al ascensor y retomé mi trabajo.
Estuve un rato largo en conflicto conmigo misma ya que no podía creer lo que había visto. Estaba muy alterada por todo lo ocurrido. Sentía que tenía que probar esa sensación, pero no sabía por donde empezar.
Unas horas más tardes (creo que eran como las 4 de la mañana), siento que se abre el ascensor y baja una de las chicas que había visto besándose en el pasillo. Mientras que ella iba acercándose, mis piernas temblaban como locas. Me preguntó si tenía alguna toalla de más para facilitarle (obviamente todo en inglés), y se me ocurrió decirle que yo se la alcanzaba hasta la habitación. Me agradeció mucho y unos minutos después yo ya estaba golpeando la puerta para entregarle la toalla. Tenían una habitación para cada una.
Sentí un grito lejano que me pedía que entrara que estaba abierto, y yo ni dudé en hacerlo. Miré para todos lados y me di cuenta que no había nadie dentro. De pronto siento un: - Here!. Sale una hermosa rubia del baño agradeciéndome por las toallas.
Eran muy bellas las dos. Pelos largos, ojos claros, pieles blancas. ¡¡Muy
bonitas!!.
Me despedí y al tratar de cruzar la puerta, siento una mano sobre mi hombro que me impedía el paso. Me di vuelta y la vi a esta muchacha enfrentada con tan solo unos centímetros de separación.
Volví a temblar como una loca. Su mano había empezado a subir por mi cuello hasta tomarlo por completo y empujarlo hasta ya no tener separación, cuerpo con cuerpo. Su boca se acercó hasta mis labios y su lengua empezó a bailar dentro de mi boca. Me quedé paralizada, nunca había sentido algo igual, parecía como que me iba a venir un orgasmo en cualquier momento.
Sentía un placer que es muy difícil de explicar en este relato.
Besaba mejor que cualquier hombre con el que haya estado anteriormente.
Los nervios se me empezaron a aflojar y abracé a esa mujer hasta apretarla fuertemente. Seguíamos tranzando (besándonos) descontroladamente y nuestros cuerpos se frotaban sin miedo ya.
Ella empezó a quitar mi blusa blanca de trabajo y manoseó mis senos hasta dejarlos bien duros. Sacó mi pollera negra y me tiró en la cama de la habitación. Con sus dientes bajó mi braga y cuando me quise acordar, ella ya estaba desnuda.
Me besaba como un animal salvaje, eso me encantó muchísimo. No paraba de masajearme los pechos. Yo estaba que ardía. Me entregué por completo.
Su lengua empezó a bajar por mi cuello, me chupeteó bien las tetas y siguió bajando por mi abdomen hasta llegar a mi concha que ya estaba empapada de tanto placer. Me mojó bien con su saliva y me abrió de piernas. Ella también abrió sus piernas y apoyo su linda almejita bien depilada sobre la mía.
La refregó hasta gritar como un animal. Yo no puedo explicar lo que sentía, fue algo hermoso.
Luego se acercó hacia mi boca nuevamente y empezó a besarme, pero muy suavemente. Me encantaba que me besara. No quería que terminara más.
Pero el deber me llamaba. Yo estaba en horas de trabajo y no podía darme el lujo de estar más tiempo fuera de mi puesto. Entonces la saludé y me retiré.
No sabía su nombre ni su edad, no sabía nada de ella. Pero no me interesaba mucho igualmente. Lo único que me importaba era el momento de pasión y placer que me había hecho pasar esa hermosa mujer.
Volví a la recepción del hotel (había estado ausente por dos horas), tomé un café, me relajé y recordé todo lo ocurrido. ¡¡No lo podía creer!!.
Las chicas se quedaron dos semanas en el hotel y yo seguí mi vida como siempre... pero todas las noches, a las 4 de la madrugada, durante esas dos semanas, daba mi vuelta por ese pasillo del piso décimo y me reencontraba con ese sueño de woman.
Ese 10 de agosto tuve mi primera experiencia con una mujer que duró dos semanas. Fueron alucinantes. Fue la última también.
Pienso que ahora mi vida dio un vuelco muy grande, ya que mi preferencia
sexual cambió absolutamente.

LA HISTORIA DE VANESSA

Era un sábado, llegue temprano a mi trabajo como de costumbre, estaba tan concentrada en lo que hacia, cuando de la recepción me pasaron una llamada telefónica, se identifico como una amiga, así que decidí aceptarla :
- hola, habla Vanesa???
- Si, ella habla, con quien tengo el gusto?
- Soy una amiga, que quiere abrirte los ojos
- Y eso!!!!!!!!
- Sabes con quien estuvo Fabiola anoche
- Si, con un grupo de compañeros trabajando hasta tarde, porque ?
- NO..... te equivocas ella estuvo conmigo,..... me encanta como hace el amor
Un profundo silencio por ambas partes, hasta que reaccione y le dije:
- Quien habla, quien eres, porque me dices todo eso.
- te lo dije, solo quiero hacer un bien y colgó.
No sabia que pasaba, quien era esa chica, porque me llamaba, como sabia mi teléfono, eran tantas preguntas y nadie quien las contestara, me quede en mi escritorio pensando en todo eso, cuando mi móvil sonó, halo, hola mi amor me dijeron al otro lado, ah hola, te siento seria me dijo, no.......es que estoy un poco atrasada con un pedido, es por eso que me oyes así. No quería decirle nada todavía, necesitaba pensar un poco, despejar mi mente, sentía en ese momento rabia, rencor y también pensaba que quizás podría ser una broma de mal gusto. En fin, entonces saldrás a las 12.00 m. Me pregunto, ah si, llegare a almorzar contigo a tu casa, así quedamos bye, chao le dije.

****************


Toque el timbre de su casa y salió su abuelita, pues con ella vivía Fabiola, pues sus padres están en los Estados Unidos y ella la ha criado desde pequeña, pasa me dijo como has estado Vanesa, muy bien mamá Lena y usted que tal......ah yo muy bien, aquí lidiando con Fabiola, jejeje tu sabes como es de rebelde, me dijo.........si ya lo creo. respondí.
Ahí estaba sentada ella, en su sofá favorito viendo la TV, se veía bien con su shorts y su camiseta, cuando me vio se levanto como estas mi amor? Bien y tu, aquí esperándote, me sentía extraña junta a ella, no sabia si reclamarle o ser normal, decidí por lo segundo.
Pasamos al comedor, estábamos almorzando y me dijo que tenia ganas de ir a bailar ese día con unas amigas, que si yo tenia ganas, le dije que si, que iría a mi casa me arreglaría y que pasara por mi a las 8:00 p.m. así fueron las cosas.
Nos reunimos en la discoteca con unas amigas, la verdad la pasamos muy bien, llegamos a su casa como a las 3:00 a.m. esa noche la pase con ella, cuando nos íbamos a acostar fue que le conté lo sucedido.
Quiero contarte algo muy serio le dije, si dime mi amor, hoy por la mañana una chica me llamo al trabajo y me dijo que andabas con ella, que me eras infiel........ es poco decir piedra de cómo se puso, se me quedo viendo con los ojos al máximo, que sucede te sorprende que ya sepa todo le dije ya enfadada.
No te creo me dijo, no tengo porque inventar todo esto, a de ser alguna broma de nuestras amigas, no me engañes más por favor si es así prefiero saberlo dímelo.......
Tengo ganas de hacer el amor, me dijo cambiando el tema rápidamente, queeeeeeeee, te has vuelto loca, te estoy preguntando algo muy serio y tu me sales con eso, te lo juro tengo ganas de estar contigo, por favor, te juro que después te contare la verdad........ estaba muy enojada pero realmente quería que me contara la verdad. Así que acepte, algo muy sincero que sale de mi corazón decirles, no hay cosa mas fea que estar con alguien y no querer sentir a esa persona, me repugnaba el pensar que quizás un día antes había estado con ella, que todo lo que me hacia a mi se lo había hecho a ella, en fin hicimos el amor por un largo rato hasta que se sacio. Casi no disimule cuando se levanto al baño. Ya........ me contaras la verdad, tenia la leve esperanza que todo fuera una broma, tan interesadas estas en saberla........si le dije.
Tengo mucho sueño te la contare mañana al levantarnos, no, no es justo me mentiste, la verdad tengo sueño amor hablamos mañana, se acostó y se durmió fresca como una lechuga...............Yo sentía ganas de matarla, tantas largas era por algo, toda la madrugada no pude cerrar un ojo, pensando tantas cosas.
No eran ni las 6:00 a.m. cuando la desperté la intriga me mataba, Fabi, Fabi, a que... que.... ya no puedo seguir esperando necesito que hablemos, por favor no tengas miedo de sincerarte conmigo, yo te prometo no hacer ningún escándalo y mucho menos contarle a tu familia, pero ya es tiempo que me digas que esta pasando.
Esta bien, se que esto ya no se puedo ocultar, si, si estoy saliendo con una persona, la conozco?????? Si, quien es.......silencio.......Marielos me quede helada, es una amiga de ambas, muy cercana se podría decir que confidente de ambas, no lo podía creer, sentí que el mundo se me vino encima, me puso a llorar como un bebe, Fabiola trataba de consolarme y de justificarse diciéndome que era ella quien le insistía, que le decía que la amaba, yo no podía decir palabra alguna, me sentía frustrada, engañada por la persona que mas he amado en el mundo, pues yo descubrí que era lesbiana con ella, y ha sido la única mujer en mi vida. Le pregunte cuanto tiempo tenían de estarse viendo a mis espaldas y me dijo que como 3 meses, como pudiste ser capaz, me levante de la cama, casi desmayada del dolor, me fui al baño, llore y llore, ella tocaba la puerta y me decía que la perdonara, pero no podía comprenderlo, realmente pensé que el amor entre mujeres era distinto, pensé que realmente me amaba. No se cuanto tiempo pase encerrada en el baño, hasta que se me secaron las lagrimas quizás.
Salí con mis ojos hinchados de tanto llorar, no se que le inspire en ese momento, ternura, lastima, culpabilidad, no se, solamente vi sus rodillas doblarse frente a mi llorar y decirme que era una tonta, que no llorara más por ella. Solamente yo sabia el dolor que sentía.
Le dije que no quería estar más en su casa, me vestí y salí de su casa, ella tras de mi, le suplique déjame ir, necesito pensar, aclarar mis ideas, se quedo parada sintiendo la frialdad en mis palabras, no podía sentir menos.
Pasaron dos días me llamaba al trabajo, a la casa, al móvil yo no contestaba, estaba muy dolida y lo que menos quería era escuchar sus justificaciones, creo que no existe excusa alguna para una infidelidad. Me entere por una amiga cercana, que Fabiola había ido a casa de Marielos a reclamarle el porque de su llamada, al parecer Fabiola un día antes que Marielos me llamara la había dejado, ella la amenazo con llamarme y contarme todo, cosa que Fabiola no creyó, y siempre la dejo. Arriesgándose a que ella me llamara y me contara todo, al parecer Fabiola no la soportaba pues dicen que ella era muy posesiva, celosa y le decía que me dejara para estar ellas dos solas, cosa que Fabi jamás iba hacer.
Más grande fue la sorpresa de Fabiola cuando esa chica si me llamo. Faltaban 2 semanas para que yo viajara, nuestros planes eran yo irme primero y luego ella, pero con esto, no se que sucedería, pues no creía absolutamente nada de ese cuento que me habían dicho. Marielos en su vida me ha dado la cara, ni si quiera por mail para darme una explicación, yo me vine para Suecia, sin haber resuelto nada, Fabiola aún me escribe pidiéndome perdón, diciéndome que ha cambiado y que nunca lo volverá hacer, pero yo no puedo creerle, algunas personas me dicen que quien lo hace una lo hace dos, de lo sucedido ya pasaron 7 meses y aun me duele como si hubiera sido ayer.

LA HISTORIA DE ROSARITO

Hola. Me llamo Rosario, y voy a intentar contarles una historia. La historia de cómo, algo tan insignificante como una sala de chat cambió mi vida. Si bien en la escuela me enseñaron el abecedario, a conjugar los verbos y en definitiva a armar frases y párrafos que tuvieran un contenido coherente, eso no quiere decir que realmente sepa escribir, así que espero que sepan disculpar si en algún momento mi historia se vuelve un poco densa, o quizá recargada de descripciones o por el contrario le faltan cosas para hacerla más clara e interesante.

Tengo 20 años, y esta historia comienza unos 4 años atrás, así que por aquel entonces tenía 16. Era una chiquilina muy introvertida, pero con un grupo grande de amigas, chicas que había conocido en el liceo. Ese año había entrado en el preparatorio científico, con el cual me había separado un poco de muchas de esas amigas por las distintas orientaciones que tomamos, y en particular me estaba sintiendo un poco desplazada por una amiga, a la que llamaré Juanita González, supongo que ese nombre es lo suficientemente genérico...

Me conectaba a Internet muy seguido, de nochecita. Una de esas noches me encontraba chateando en el canal Uruguay en IRC, cuando alguien con un nombre bastante particular, "chica-bi", me envió un mensaje. Pensé un poco si responderle o no, me dije quién sabe en qué me meto, pero rápidamente comenzamos a hablar. Me hizo cuestionarme, algo que hasta ese momento no me había animado a hacer. Me hizo preguntarme si no tenía curiosidad, si no había alguna chica que me gustara...y me di cuenta que lo que sucedía con Juanita era que realmente me gustaba.

Así comenzó una época, en que al tiempo que iba aprendiendo y leyendo cuanta cosa (cuentos, artículos, sexualidad o lo que fuera) encontraba en Internet sobre lesbianismo o bisexualidad también me lamentaba y hasta lloraba porque no sabía cómo decirle a Juanita lo que sucedía. Juanita para peor muchas veces me tomaba el pelo (o me lo había tomado hacía un tiempo) con cosas como "dormimos en la misma cama cuando nos vayamos de vacaciones" entre otras. Según mi novia, Juanita es una histérica a quien le gusta que todo el mundo esté embobado con ella, pero que no se engancha con nadie.. es posible que Q (evidentemente mi novia no se llama así, pero en una época se conectaba a Internet con ese apodo, así que supongo que está bien decirle así) tenga algo de razón.. yo particularmente creo que es una "hacedora de lesbianas", si es que ese término existe. De todas formas hoy en día Juanita conoce a Q, y mi relación con ella no ha cambiado por mi orientación sexual, seguimos siendo muy amigas.

Solía entrar a los salones de chat de "El Sitio", y ahí fue donde conocí a Q. Al entrar a una de estas salas, toda mujer con la que hablaba preguntaba si era lesbiana o bisexual, a lo cual yo respondía que no sabía, que entraba ahí para que me contaran cosas sobre cómo se sentían cuando se dieron cuenta que les atraían las chicas. Mi respuesta no resultaba interesante a la mayoría de estas chicas, era algo así como ir a un baile y cuando alguien te invita a bailar decís que no porque en realidad no sabes muy bien qué es lo que estás haciendo ahí. De todas formas, mi respuesta resultó interesante a Q, probablemente porque a ella le sucedía lo mismo también.

Yo tenía ICQ, pero Q me había dicho que no tenía, por lo que me olvidé rápidamente de ella. Hasta que un día, me llegó un mensaje de alguien que no conocía a mi ICQ. Era Q, tenía otro nombre, y por suerte había dado con mi dirección de ICQ buscándome por mis características. Las casualidades existen, no digo que no, pero mirándolo de lejos, lo que pasó no creo que lo haya sido. Ella buscó, y pensaba llamar solamente a la primera Rosario(o quizás me buscó por mi nick, no lo recuerdo bien) que tuviera mi edad y que estuviera conectada en ese momento, si es que había alguna.. y esa era yo. ¿Cuál era la probabilidad de que eso ocurriera?

Hablamos varios meses con Q vía ICQ, siempre sin conocernos, ni siquiera la voz, pese a que vivíamos en Montevideo, que es una ciudad chica, y solamente a unos 15 kms. de distancia. Es claro que chateando más de una hora todos los días, llegamos a conocernos como si fuésemos amigas de toda la vida. Me gustaba muchísimo hablar con ella, y hasta la extrañaba si un día no me conectaba. Nos enviamos fotos nuestras, realmente no podía saber si ella me gustaba, porque me había enviado una foto en la que tendría ocho años..

Finalmente empecé a insistir para conocerle la voz. Y por suerte un día me dejó llamarla. Estaba tan nerviosa que hablé sin parar en una especie de monólogo o chorrada de palabras que realmente no sé si tenían demasiado sentido durante 15 minutos. El caso es que a ella le gustó mi voz, y a mi me encantó la suya. Con mi curiosidad un poco más saciada, seguimos chateando por ICQ, yo seguía "enamorada" de Juanita, y se lo decía a Q, que en ese momento no era más que una amiga (a ella también le gustaba una conocida suya), pero algo iba sucediendo.

En ese momento a su vez, mi padre había decidido poner un negocio, Montevideo es chico, cuando lo dije hace un rato, no lo dije en broma. El local estaba justamente a 2 cuadras de la casa de Q.. Aún así, seguíamos sin conocernos. Yo iba siempre al local a ayudar a mi padre, y cuando caminaba por la zona, lo hacía pensando, ¿cuál será su casa?, ¿la reconoceré si la veo por la calle?. Creo que un día ella me vio, a mi junto con mi hermana sentadas en la puerta del local. Nos vio de lejos, por lo que en definitiva podríamos decir que seguíamos, luego de más de 6 meses de hablar sin vernos las caras.

Finalmente sucedió. Nos íbamos a encontrar, justo en el punto medio entre el local y su casa. Iríamos a jugar al pool y al ping pong en un club que hay por allí cerca. Yo me senté en una esquina a esperarla, y a los minutos llegó ella. La reconocí por sus championes rojos, y ella me reconoció...porque bueno, ¿quién más podía ser sentada en una esquina sola mirándola llegar a ella? No voy a decirles que fue amor a primera vista. No me pareció fea, pero no me gustó demasiado tampoco. La pasamos bien ese día, hablando, jugando pool o ping pong, y caminando un poco por el barrio. Había oscurecido, y yo me tenía que ir. Al despedirnos no le di un beso, no sabía que hacer, así que hice lo que tenía por costumbre en esa época que era darle la mano a la gente (me embolaba saludar a medio pueblo con un beso). Cuando volví quedé pensando sobre ese beso que no le di, y realmente me arrepentí, porque tenía muchas ganas de besarla, aunque más no fuera en el cachete. Esa noche evidentemente, hablamos por ICQ, y me disculpé por mi saludo un poco extraño.

Volvimos a salir algunas veces cerca de su casa, siempre como amigas. Jugábamos al pool, o caminábamos por ahí.. supongo que a ella le divertía jugar al pool conmigo porque yo era muy mala, pero la verdad es que con ella iba mejorando. Llegó el verano, y entonces empezamos a salir a andar en bicicleta por la rambla. Nos encontrábamos en el puertito del buceo, que está a medio camino entre mi casa y su casa, y entonces andábamos un rato juntas, o nos sentábamos a mirar los barcos o el mar, o los ómnibus que entran y salen del estacionamiento. En ese momento fue que empezó a gustarme, a atraerme físicamente aparte de sentimentalmente.. usaba musculosas y shorts, tenía unas piernas muy lindas, y el rojo de tomar el sol a su cara le quedaba estupendo. A veces me sentaba un poco detrás de ella para poder mirarla de reojo sin que se diera cuenta. Luego se lo confesé por el ICQ, y ella empezó a hacer lo mismo.

Un día, luego de muchas vueltas, logré que me dijera que yo le gustaba, a lo cual le contesté que ella también me gustaba a mí. Fue entonces que le dije que me gustaría mucho abrazarla. A esta altura pensaran que somos dos tontas, pero es que ninguna había tenido novias o para el caso novios, así que no queríamos apurar las cosas, aparte de que el hecho de que ambas fuéramos muy tímidas no ayudaba para nada. Comencé a pensar estrategias para abrazarla. No estábamos muy seguras de abrazarnos en la rambla (qué pensaría la gente?!), aunque yo le decía que entre amigas constantemente se abrazan, esto no nos convencía, no sabíamos cómo hacer. Algunas de las formas que se me ocurrieron fueron bostezar, de forma de estirar el brazo y atraerla hacia mí. Esto no funcionó. Luego pensé, por qué no sacarnos una foto las dos juntas, para lo cual yo pondría la cámara y tendríamos que pegar nuestras caras para que entrara en la imagen, pero esto tampoco funcionó.

Uno de esos fines de semana, mis padres se fueron de vacaciones. Grabé un disco con algunas canciones, entre ellas "Baby can I hold you" de Tracy Chapman, e invité a Q a que viniera a mi casa a escuchar un poco de música. Ella vino, y evidentemente nos sentamos a una distancia prudencial, uno o dos metros separadas. Empezamos a hablar, prendí la música, y en el tercer track empezó a sonar la canción. Le dije, "sabes lo que quiere decir Baby can I hold you?", ella no sabía, y entonces le dije que significaba "Nena puedo abrazarte?", y entonces finalmente nos abrazamos. Ese abrazo fue increíble, no sé cuánto habrá durado, sé que fue bastante tiempo, y sé que me sentía muy cómoda, y que no quería que se terminara. Ese abrazo de alguna forma rompió el hielo, o quizá fue que lo derritió. Nos volvimos a abrazar varias veces más esa tarde, y la distancia prudencial ya no existía. Luego de Baby can I hold you, venía una canción que se llama Kiss Me (sí, había pensado en todo, hasta estaba Making love de Air Supply al final del CD), pero digamos que la pasé porque me dio vergüenza (debería estar prohibido que las personas fueran tan cursis como soy yo a veces).

Durante bastante tiempo, no hicimos otra cosa más que abrazarnos, por ratos cada vez más prolongados cada vez que nos encontrábamos a solas. Finalmente, una vez más vía ICQ, decidimos que queríamos besarnos. Y una vez más, en mi casa llegó ese primer beso. Un "piquito" apenas, que se vio cuasi interrumpido cuando mi madre casi sin golpear entró al cuarto. Supongo que mi madre intuyó que algo raro pasaba al ver nuestras caras de estrés, pero o disimuló muy bien o no se dio cuenta. Esa noche cuando la acompañaba a la parada del omnibus nos preguntábamos si estábamos arrepentidas, y la verdad es que no, no lo estábamos, por el contrario, estábamos muy contentas.

Luego de unas cuantas sesiones de besos, vino el problema de nuestra relación. ¿En qué se había transformado?. Lo hablamos por ICQ. La palabra novias nos asustaba, o al menos a mí me asustaba. No me gustaba nada. Le dije entonces que podríamos ser amigas que se besan. Las amigas que se besan pueden andar besándose y abrazándose con otras personas lo que pasa. Esto parece que no le gustó demasiado a ella, y muy sutilmente me dijo que le parecía bien, que entonces ella podía andar con quien quisiera llegado el caso. Esto a mi me gustó menos que la palabra novias, con lo cuál llegamos a que éramos amigas que se besan y que no están con nadie más. Novias en definitiva, si bien nos llevó bastante tiempo empezar a usar este término.

La época de los besos fue ya en otoño-invierno del segundo año. Nos besábamos muchísimo acostadas en su cama. Las cosas se ponían bastante calientes, y muy húmedas. Pero está clarísimo que no hacíamos el amor. Yo sentía que quería estar más cerca de ella, la ropa era una molestia increíble. Lo más que lograba era besarle un poco la espalda, el cuello. Finalmente logré que nos sacáramos los buzos al menos durante un rato. No quiso hacerlo con la luz prendida, pero esa nueva parte de su cuerpo que iba conociendo me encantó. Le besé los pezones, el estómago, todo lo que podía ver que fuera piel. El día que ella me besaba en el cuello o si me llegaba a besar los pezones creía que enloquecía.

Llegó el verano, y seguíamos sin hacer el amor. Las dos teníamos ganas, pero no encontrábamos el momento o la tranquilidad apropiados. Las ganas de hacer el amor, en mi caso al menos, eran mucho más que una calentura. Yo quería de alguna manera hacer que ella se sintiera bien, quería poder mostrarle lo que me hacía sentir con uno de sus besos, porque sentía que las cosas que le hacía hasta el momento no eran para nada suficientes. A esta altura, mis padres sabían lo que sucedía con Q, si bien no lo tenían muy claro y no les gustó demasiado, debo decir que se lo podrían haber tomado mucho peor. Su padre también lo sabía, así como una amiga suya. Nos queríamos ir juntas de vacaciones. Todavía éramos menores, y para que nuestros padres no nos hicieran problemas para ir, le pedimos a su amiga que nos acompañara a Valizas. Ella dijo que sí, y entonces nos fuimos las tres. Su amiga se iba a ir un día antes que nosotras, pero eso no lo sabían nuestros padres. Esas noches mientras su amiga todavía estaba, nos besábamos muchísimo, dormíamos abrazadas, y nos sacábamos todo menos las bombachitas, porque claro su amiga estaba en el cuarto de al lado y no la íbamos a estresar. De todas formas, ella dormía con walkman, pero nosotras somos muy consideradas (yo en realidad no lo era demasiado, pero justo cuando las cosas empezaban a ponerse buenas Q decía paraaa!, tengo ganas, pero está en el otro cuarto, mirá si escucha.. con lo cual hasta ahí llegábamos). Al otro día Q aparecía con la musculosa al revés, su amiga se lo hacía notar con una risa sutilmente, así que ella se debe haber pensado que esas noches estábamos haciendo cualquier cosa cuando en realidad no sucedía nada.

Finalmente su amiga se fue. Reconozco que yo tenía muchas ganas de finalmente poder hacerle el amor, y apuré un poco las cosas. Mi novia se estresó, y entonces esa noche tampoco hicimos nada. Las dos estábamos un poco nerviosas, y yo después de comer me sentía medio mal, sobretodo porque estaba nerviosa y triste porque había hecho que Q se pusiera nerviosa. Me dormí justo en el momento en que mi novia se dio cuenta que en ese momento sí tenía ganas de hacer el amor. Empezó a hablarme y entonces sintió un ronquido suave. Dice que esperó mucho tiempo a que me despertara, pero yo nada. Esa noche casi no durmió, y a la mañana siguiente nos íbamos al Chuy. Me desperté a las cinco de la mañana, hablamos, nos besamos mucho, y cuando las cosas se ponían interesantes, llegó la hora de tomarnos el ómnibus para el Chuy. Fuimos al Chuy, y la pasamos muy bien. A la vuelta, habíamos
comprado una hamaca paraguaya, y para taparnos un poco del aire acondicionado, nos pusimos la hamaca a modo de frazada. Eso nos permitió venir de la mano. Cuando llegamos a la casa, teníamos muchísimas ganas de besarnos y estar cerquita. Finalmente pudimos hacer el amor.. o algo parecido, porque teníamos sólo media hora, y de más está decir que ninguna de las dos tenía mucha idea de nada, pero por lo menos se nos había ido el miedo a la intimidad. Salimos a de la casa apuradísimas. Al salir Q no encontraba las llaves, se pensó que las había dejado dentro. Llamamos a nuestras casas, su padre se estresó. Finalmente creo que las llaves las tenían en un bolsillo, así que todo terminó bien.

Pasó el verano, pasó otro año. Q se fue el año pasado para el exterior por unos meses, a intentar trabajar por la temporada. La extrañé de una forma increíble. Pero la esperé, y cuando volvió las cosas siguieron igual o mejor que antes. No volvimos a Valizas, pero fuimos a otro balneario, y las dos mejoramos bastante en lo que a relaciones sexuales se refiere. Espero poder volver pronto con ella a algún lado. Porque no hay nada como despertarme a su lado, y sentir el olor y el calor de su piel de mañana. La quiero muchísimo, la adoro, la amo, y no puedo ni quiero imaginarme viviendo sin ella. Nunca pensé que iba a llegar a esto con alguien a quién conocí a través de una pantalla.. pero estoy tan feliz de haberla conocido.