miércoles, mayo 23, 2007

Las Canciones de Bilitis (Pierre Louys)

En esta selección de poemas se narra la llegada de Bilitis a la isla, el modo en que conoce a Mnasidika, el romance entre ellas y la ruptura de la relación

AL NAVIO
Bello navío que hasta aquí me has traído, a través
De las costas de Jonia, yo te he abandono a
Las olas radiantes y con ligero pie brinco
A la playa.
Tu regresaras al país donde la virgen
Es amiga de las ninfas. No olvides
agradecer a los invisibles consejeros
y llévale en señal de ofrenda este ramo
cogido por mis manos.
Tu que pino fuiste, y sobre las montañas, el
inmenso Notos enardecido sacudía tus ramas
espinosas, tus ardillas y tus avecillas.
Que el Boreas te conduzca ahora, y te impulse
suavemente, suavemente hacia el puerto,
Nave negra de delfines escoltada, al capricho
de la mar favorecedora.


PSAFA
Yo los ojos me refriego...hace ya tiempo que es
de día, yo creo. Ah! ¿Quién está a mi lado?
¿Una mujer?...Por la Psafa, lo había olvidado...
¡Oh gracias!, que tímida soy.
¿A que pueblo he llegado yo, y que isla es ésta
en donde el amor así se concibe? Si yo no
estuviera tan fatigada, yo juzgaría que esto es un sueño
¡Es posible que ella sea la Psafa!
Ella sigue envuelta en sueños...es en verdad hermosa,
aunque sus cabellos esté cortados
como los de un atleta, mas este desconocido rostro,
este pecho viril, estas caderas estrechas...
Yo quiero marcharme antes de que ella se
despierte, ¡ay de mí! estoy del lado de
la pared. Me será forzoso pasar por arriba,
Tengo miedo de lastimar su cadera
y que ella no me reprenda al pasar.


LA DANZA DE GLOTIS Y KISE
Dos muchachas me han llevado a su morada,
Y desde que la puerta se cerró iluminaron el cuarto
Con el fuego de la lámpara y pretendieron
Bailar conmigo
Sus mejillas no estaban maquilladas, tan
oscuras como sus pequeños vientres eran. Se apresaban
Por los brazos y simultáneamente conversaban, en
una agonía de gozo
Sentada en un colchón, Glotis con voz
suave cantaba y chocaba, rítmicamente
sus menudas manos sonoras.
Kyse danzaba agitada, pronto se detenía
sofocada por la risa y tomaba a su hermana por
Los pechos, le mordía la espalda y al reverso la tornaba,
como una cabra que quisiera retozar


LOS CONSEJOS
A la sazón Sylikmas ha entrado, y al vernos,
tan familiares a nosotras, se ha sentado sobre un banco
Ha sentado a Glotis sobre una de sus rodillas, y a
Kyse sobre la otra y ha dicho:
"Ven aquí pequeña" mas yo no me acercaba,
ella continuó: "¡tienes tu miedo de nosotras!"
acércate: estas chiquillas te aman. Te instruirán
en aquello que tu desconoces:
la miel de las caricias de una mujer.
"El varón es violento y holgazán.
sin duda tu le conoces. Míralo, tiene el pecho plano, áspera la piel,
cortos los cabellos, velludos los brazos. Y las
mujeres son todas hermosas.
"Las mujeres solas saben amar; permanece con
nosotras. Bilitis quédate. Y si tu tienes un
alma fogosa, tu verás tu belleza como en un
espejo sobre el cuerpo de tu enamorada"


LA DUDA
Entre Glotis y Kysè no sé a cuál elegiría.
Como no se parecen, una no me consolaría de la otra
y tengo el temor de escoger mal.
Cada una de ellas puede tomar una de mis manos uno de mis senos.
¿Pero a cuál de ellas daría mi boca?
¿A cuál mi corazón y todo aquello que no se puede dividir?
Es vergonzoso que continuemos las tres
en la misma casa.
Ya se habla de ello en Mitilena.
Ayer, ante el templo de Ares, una mujer que pasaba me negó el saludo.
Prefiero a Glotis., pero no puedo repudiar a Kysè.
¿Qué sería de ella completamente sola?
Las dejaré como están y buscaré otra amiga.


EL ENCUENTRO
Semejante a un tesoro, la encontré en la campiña
bajo una cerca de mirtos, envuelta
desde el cuello hasta los pies, con una túnica amarilla,
de azul, bordada. "No tengo amiga", me dijo,
"puesto que el pueblo más cercano, a cuarenta millas está.
Vivo sola, con mi madre viuda y
eternamente triste. Si deseas, te seguiré. Te seguiré
aún hasta tu propia morada, aunque
esté al otro lado de la isla, y yo
viviré bajo tu techo hasta que de regreso tu me envíes.
Tu mano es tierna, y tus ojos azules.
Vayamos juntas! Yo no traigo nada conmigo,
sólo esta pequeña Astarté desnuda que llevo
en mi lazo. La colocaremos cerca de la tuya
y le pondremos rosas por cada noche de recompensa.


LA PEQUEÑA ASTARTE DE TIERRA COCIDA
La minúscula Astarte, vigilante que resguarda
A Mnsasidika, fue moldeada en Camiros por
Un diestro artesano. Es grande como el
pulgar, y de exquisita tierra dorada
sus cabellos caen y se encrespan
Sobre su estrecha espalda. Sus ojos son
amplios y su boca es diminuta. Pues ella
Es la Muy Hermosa
Con la mano derecha, se proyecta su triángulo,
que está acribillado de pequeños orificios
Sobre el vientre y a lo largo de las
ingles. Pues ella es la Muy Amorosa.
son el brazo izquierdo, sostiene sus pechos
redondos graves y encima de sus caderas vastas
Se hincha un vientre fecundo. Pues ella
la Madre de Todas las Cosas.


EL DESEO
Entró y apasionadamente, con los ojos cerrados,
unió sus labios a los míos
y nuestras lenguas se conocieron.
Jamás hubo en la vida un beso como aquél.
Estaba de pie, pegada a mí,
enamorada, entregándose.
Una de mis rodillas ascendía poco a poco
entre sus muslos cálidos que cedían como para un amante.
Mi mano deslizándose sobre su túnica quería adivinar
el cuerpo que ocultaba, que ora se plegaba ondulante,
ora se tensaba rígido y estremecido.
Sus ojos en delirio se dirigían al lecho;
pero no teníamos derecho a amarnos antes de la ceremonia nupcial
y nos separamos bruscamente.


LAS BODAS
Por la mañana, celebramos la comida de bodas
en casa de Acalanthis, a la que ella había adoptado como madrina.
Mnasidika llevaba blanco velo y yo la túnica viril.
Después, rodeada de veinte mujeres
se puso su traje de fiesta.
Perfumada con bakkaris,
empolvada con oro,
su piel fresca y nerviosa atraía manos furtivas.
Me esperó, como se espera a un esposo,
en su cámara adornada de ramajes.
Yo la llevé hasta el carro,
colocándola entre mí y la sacerdotisa.
Uno de sus pechitos ardía en mi mano.
Se han entonado los cantos nupciales.
Han sonado las flautas.
Pasando mis brazos bajo sus hombros y rodillas
traspusimos el umbral cubierto de rosas.

¡QUE NO SE BORRE EL RECUERDO!
Dejaré el lecho como ella lo ha dejado,
deshecho, hundido, con las ropas revueltas,
para que la forma de su cuerpo quede impresa junto a la del mío.
Hasta mañana no iré al baño,
no me vestiré ni peinaré mis cabellos,
por no borrar sus caricias.
Hoy no comeré, ni mañana ni tarde,
ni pondré sobre mis labios carmín de polvos,
para que en ellos permanezcan sus besos.
Dejaré las ventanas cerradas y no abriré la puerta
por temor a que el viento arrastre los recuerdos guardados.

LA METAMORFOSIS
En otro tiempo fui cautivada por la belleza de
los jóvenes y la evocación de sus palabras
En otro tiempo me mantuvo en vilo.
Recuerdo alguna vez haber grabado un nombre en
la corteza de un plátano. Recuerdo haber
dejado un pedazo de mi vestidura en un camino
donde alguien transitaba
Recuerdo haber amado...¡oh Pannychis
Mi hijo!, ¿en que manos te abandoné?
¿Cómo oh maldición yo te he abandonado?
Hoy Mnasidika sola y para siempre me ha poseído,
Que recoja pues ella en sacrificio la felicidad de
aquellos que yo he dejado por ella.


LA TUMBA SIN NOMBRE
Mnasidika me ha tomado de la mano, me ha
Llevado hasta un pequeño campo yermo
fuera de las puertas de la ciudad, allí había el rastro
de mármol de una lápida. Y ella me ha dicho:
"Aquí está la amiga de mi madre."
Entonces he sentido un gran estremecimiento y sin
dejar de tomar su mano, me he prendido a su
espalda para leer los cuatro versos que allí se veían,
entre la tumba cavada y la serpiente:
"No es la muerte que me ha llevado,
sino las ninfas de las fuentes. Descanso aquí
bajo tierra leve, junto la cabellera cortada
de Xanto. Ella sola me llora.
Yo no digo mi nombre."
Largo tiempo hemos permanecido de pie, en el lugar
Y no hemos derramado la libación. Pues...
¿Cómo llamar a un alma anónima de entre las multitudes del
Hades?


LAS TRES BELLEZAS DE MNASIDIKA
Para que Mnasidika sea de los dioses preferida,
yo he inmolado a Afrodita, amante de las sonrisas,
dos liebres macho y dos palomas.
Y he inmolado a Ares dos gallos dotados
para la lucha, y a la siniestra de Hécate, dos perros
que aullaban bajo el afilado cuchillo.
Y no es sin motivo que yo he suplicado a
estos tres inmortales, pues Mnasidika lleva sobre
su rostro de su triple divinidad el reflejo:
sus labios son rojos como el cobre,
sus cabellos azulados como el acero,
y sus ojos, negros como la plata


EL ANTRO DE LAS NINFAS
Tus pies son más delicados que los de la
cristalina Tétis. juntas pechos tus entre tus
brazos cruzados, y tiernamente les arrullas
cual si fueran dos bellos cuerpos de palomas.
Escondes bajo tus cabellos, tus ojos
humedecidos, tu boca palpitante y las rojas flores
de tus orejas; pero nada detendrá
mi mirada, ni el cálido aliento del beso
pues en el secreto de tu cuerpo estás tu,
amada Mnasidika, que atesoras el antro de
las ninfas del que habla el viejo Homero,
el lugar donde las náyades tejen las túnicas de púrpura.
el lugar donde gota a gota se precipitan las fuentes
inagotables y donde la puerta del
Norte, deja descender los hombres y donde
la puerta del sur, deja entrar a los inmortales


LOS PECHOS DE MNASIDIKA
Ella abrió escrupulosamente, con una mano
su túnica y me ofreció sus suaves y tibios pechos,
tal como se ofrecen a una diosa un par de
palomas vivientes. "Ámalos bien", me dijo
"¡Yo los amo!". Ellos son venerados, son como chiquillos
pequeños. Yo me deleito con ellos
cuando estoy sola. Me recreo y les brindo
placer. Los riego con leche. Los visto con flores. Sus minúsculos vértices
se enamoran del fino cabello con el que los acaricio.
Los halago con un estremecimiento. En lana reposan ellos en
su sueño. Ya que nunca tendré niños.
Y ya que están tan lejos de mi boca.
Bésalos por mí.


LA MUÑECA
Yo le he dado una muñeca, una muñeca de
cera con las mejillas rosas. Sus brazos
se acoplan por dos pequeñas clavijas y sus
piernas, ellas mismas se pliegan.
Cuando estamos juntas, la acuesta
entre nosotras y es nuestro hija
Por la tarde la acuna
y antes de dormir le da el pecho.
le ha tejido tres pequeñas prendas
y le dimos juguetes el día de las Afroditas,
juguetes y flores también.
Ella cela su virtud y no le permite salir
sola; nada de sol sobre todo, pues la pequeña
muñeca se derretiría en gotas de cera


CARICIAS
Rodea dulcemente tus brazos, como un cinturón
alrededor de mí.¡Oh Acaricia!, ¡Oh acaricia mi piel
así!. Nada ni el agua ni la brisa del mediodía,
son mas dulces que tu mano
Hoy, querida , pequeña hermana, es tu
turno. Evoca las caricias que la noche anterior
yo te he enseñado acércate a mí,
que estoy fatigada y silenciosamente arrodíllate.
Tus labios descienden de mis labios.
Tus cabellos deshechos les siguen, como la
caricia sigue al beso. Se deslizan sobre mí
pecho derecho; ellos me ocultan tus ojos.
Dame tu mano, es cálida! Aprieta
la mía, no la abandones.
Las manos mejor que las bocas se unen,
y su pasión no se asimila a
nada.


JUEGOS
Para ella soy mas que sus pelotas o su muñeca,
un juguete. Con todas las partes
de mi cuerpo, ella se recrea como un chiquillo,
largas horas, sin hablar.
Ella deshace mi cabellera y la transforma
según su deseo, luego la enlaza bajo el
mentón a modo de una espesa tela, o tuerce en
moño o trenza hasta el principio.
Con fascinación ella observa el color de
mis pestañas, el pliegue de mi codo.
A veces, me hace poner de rodillas y colocar las
manos sobre las sábanas;
Entonces (y este es uno de sus juegos)
escurre su cabecita por debajo y simula ser
una cabritilla temblando que se halla en el
vientre de su madre.


PENUMBRA
Bajo sábanas de lana transparente
ella y yo nos deslizábamos.
Incluso nuestras cabezas estaban hundidas
la lámpara iluminaba la tela sobre nosotras
De ese modo yo vislumbraba su cuerpo en misteriosa luz
Estábamos cercanas, la una a la otra, íntimas, desnudas.
"En la misma túnica", dijo ella. Permanecimos así, nuestros
cabellos en orden para estar más descubiertas, y
el bálsamo de dos mujeres se elevó
de su naturales incensarios en el estrecho espacio del lecho.
Nadie en este mundo, ni siquiera la lámpara nos vio esa noche.
Quien de nosotras era amante solo ella o yo lo podríamos decir.
Pero los hombres nunca sabrán nada sobre eso


LA DURMIENTE
Ella duerme sus cabellos desbaratados, las manos
juntas detrás de la nuca. ¿Sueña ella? Su boca
abierta, respirando dulcemente.
Con una pluma blanca yo seco,
sin despertarla, la humedad de sus brazos,
la fiebre de sus mejillas. Sus párpados
cerrados son dos flores azules.
Seguidamente, suavemente, me levanto,
Iré a sacar agua, ordeñaré la vaca, y pediré
lumbre a los vecinos. Quiero
estar peinada y vestida cuando ella despierte.
Entre sus bellas pestañas curvas Morfeo habita aún
largo tiempo y la noche se alarga
sublime para un sueño de buen augurio.


EL BESO
¡Besaré de un extremo a otro las largas
alas negras de tu nuca,
¡Oh dulce avecilla, paloma presa
cuyo corazón salta bajo mi mano!
Tomaré tu boca con mi boca,
como un niño toma el seno de su madre.
¡Estremécete!... Que el beso penetra profundamente
y bastará el amor.
Pasearé mi lengua ligera sobre tus brazos,
en torno a tu cuello, y haré rodar sobre tus costados nerviosos
la tensa caricia de mis uñas.
Escucha sonar en tu oído todo el rumor del mar...
¡Mnasidika! Tu mirada me hace daño.
¡Encerraré en mi beso tus pupilas quemantes como labios


LOS CUIDADOS CELOSOS
No es necesario que te cubras por miedo de que
el hierro candente queme tu nuca o tus
cabellos. Déjalos caer sobre tus espaldas
y esparcidos a lo largo de tus brazos.
No es necesario que te vistas por miedo
de que un cinturón enrojezca los pliegues
enervados de tu cadera. Tu permanecerás
desnuda como una niña.
No es preciso que te levantes por miedo
que tus frágiles pies adolezcan con la marcha
tu descansarás en la cama, de Eros víctima
y yo te curaré tu pobre herida
Pues yo no quiero ver sobre tu cuerpo otras marcas,
Mnasidika, que la huella de un beso, o el rasguño
de una aguda uña o la marca púrpura de mi abrazo


EL ABRAZO LOCO
Ámame, no con las sonrisas de las
flautas o las flores entrelazadas, sino con tu corazón
y tus lágrimas, como yo te amo con
mi pecho y mis gemidos.
Cuando tus pechos con los míos
alternativamente se acarician,
cuando siento tu vida toca
mi vida, cuando tus piernas me rodean,
entonces mi boca jadeante lo único que sabe
es pegarse a la tuya.
¡Abrázame como yo te abrazo! Mira la lámpara
acaba de extinguirse, la noche transcurre;
pero yo tomo tu cuerpo que se mueve y
percibo tus perpetuos gemidos...
gemidos, gemidos, gemidos ¡oh mujer!
Eros nos estrecha en el dolor. Tu sufrirás menos
en este lecho para traer un hijo al mundo
que por alumbrar este amor.


EL CORAZON
Deseosa, la he tomado de la mano y fuertemente
la he puesto bajo la piel húmeda de
mi pecho izquierdo. He corrido la cabeza de un lado a otro
y he movido los labios sin hablar.
Mi corazón enloquece, violento y duro, golpea
y golpea mi pecho, como un sátiro cautivo
si se tropezara con otro. Ella me ha dicho:
"tu corazón me hace daño..."
"Oh Mnasidika, he respondido yo, el corazón de
las mujeres no está aquí. Este es un pobre
pájaro, una paloma que agita sus débiles alas
el corazón de las mujeres es más terrible
"parecido a una baya de mirto,
arde en la llama roja y bajo una despojo
exuberante. Es aquí donde yo me siento mordida
por la insaciable Afrodita"


PALABRAS EN LA NOCHE
Nosotras nos quedamos con los ojos cerrados; el silencio
es amplio en nuestra habitación.
¡Noches inexplicables de verano! ella me cree dormida
pone su mano cálida sobre mi brazo.
y susurra: "Bilitis ¿Duermes?". El corazón
me palpita, pero sin respuesta, yo respiro regularmente
como una mujer dormida en los recuerdos. Entonces
comienza a hablar:
"Puesto que tu no me escuchas, dice ella
¡ah!, ¡cuánto te amo!" y repite mi nombre:
"Bilitis...Bilitis...", me toca apenas con la punta
de su dedos palpitantes:
"¡Es para mi sola esta boca! ¿Y hay alguna más sublime
en el mundo? Ah! ¡Mi felicidad!, ¡mi felicidad! Son para mi
estos brazos desnudos, esta nuca y estos cabellos..."


LA AUSENCIA
Ella está afuera, está lejos, pero yo la veo,
pues todo está lleno de ella en esta habitación
todo le pertenece y yo también como todo lo demás,
este lecho todavía tibio donde mi boca vaga
tiene la huella medida de su cuerpo.
En este muelle almohadón su cabeza ha soñado
rodeada de cabellos.
Esta cubeta es donde ella se ha lavado;
este peine ha deshecho los nudos de su enmarañada cabellera
estas pantuflas cobijaron sus pies desnudos
estos vestidos han dado cabida a sus pechos.
Pero lo que no se atreven a tocar mis dedos, es este espejo
donde ella se ha visto sus magulladuras todas
cálidas y donde quizá aún perdura el reflejo de sus labios mojados.


EL AMOR
¡Ay de mí! Si pienso en ella la garganta se me seca,
la cabeza me da vueltas, los senos se me endurecen
hasta dolerme, me estremezco y aún andando lloro.
Si la veo se me para el corazón,
las manos me tiemblan, se me hielan los pies,
un rubor de fuego asciende a mis mejillas y
me laten las sienes dolorosamente.
Si la toco me vuelvo loca, se me paralizan los brazos
y mis rodillas desfallecen.
Caigo ante ella y me tiendo como una mujer moribunda.
me siento herida por todo lo que me dice.
Su amor es una tortura y los que pasan ante nuestra casa
pueden escuchar mis quejas...
¡Ay de mí! ¿Cómo podré llamarla Bienamada?



LA PURIFICACIÓN
Pronto deshazte tus cintillas, tus prendedores
y tu túnica. Quítate hasta tus sandalias, hasta las cintas de tus piernas
hasta la banda de tu pecho
Lávate el negro de tus cejas, y
el carmín de tus labios. Sácate
todo tu maquillaje y alisa tus cabellos
con agua
pues yo quiero tenerte toda pura, de tal forma
como naciste sobre el lecho
de tu madre y delante de tu padre
tan casta que mi mano te hará enrojecer
hasta la boca y que una palabra mía en tus
oídos, enloquecerán tus ojos movedizos.



LA ACUNADORA DE MNASIDIKA
Mi pequeña niña, si yo tengo unos años
mas que tu, yo te amo
no como una amante, sino cual
si hubieras sido por mi procreada
Aunque extendida sobre mis rodillas, tus dos
brazos frágiles alrededor de mí, tu buscas
mis pechos, la boca tensa tus labios palpitantes y lentos
Entonces yo sueño que en otro tiempo, he
dado mi leche a esa boca delicada y adorada
y tenido ese vaso púrpura donde la felicidad méa esta Guardada.
Duerme yo te cuidaré y te meceré suavemente entre mis brazos.
Duerme así yo cantare pequeñas canciones de cuna


PASEO A LA ORILLA DEL MAR
Cuando nosotras marchábamos sobre la playa, calladas
y cubiertas hasta el mentón con nuestros vestidos
oscuros, han pasado otras muchachas.
"Ah! ¡Son Bilitis y Mnasidika! Mirad que hermosa ardillita
hemos cogido es dulce como un pájaro y asustadiza como un conejo
En casa de Lyde la pondremos en una caja y
le daremos mucha leche y comida,
es una mujer, vivirá largo tiempo"
Y las locuelas partieron luego corriendo.
En cuanto nosotras nos hemos sentado
Yo sobre una roca, ella sobre la arena, calladas las dos
Y hemos contemplado el mar.


EL OBJETO
"Salud Bilitis, Mnasidika salud. -Siéntate.
¿Cómo está tu marido?. - Muy bien. No le digáis
que he venido aquí. Me mataría si supiera eso.
- Quédate sin temor.
- ¿Esta es vuestra habitación? ¿Es ese vuestro lecho?
Perdonadme soy curiosa.
- Tú conoces también el lecho de Myrriné.
- Si un poco.
- Se dice que es alegre. Lasciva, oh, querida mía
pero callémonos.
- ¿Que querías tú de mi?
- Que tu me prestases...
- Habla...yo no me atrevo a nombrarlo por su nombre.
Nosotras no lo tenemos.
- De verdad?
- Mnasidika es virgen.
- ¿Entonces donde se puede comprar?
- En casa de Drakón
- Dime también donde compras tu hilo de bordar.
El mío se rompe fácilmente.
- Yo me lo hago yo misma, pero Nais los tiene de gran calidad.
- ¿A que precio?
- Tres óbolos.
- Es caro
- ¿Y el objeto?
- Dos dracmas
- Adiós


TARDE CERCA DEL FUEGO
El invierno es duro, Mnasidika. Todo esta frío
afuera de nuestro lecho. Levántate, sin embargo, ven conmigo
pues yo he encendido un gran fuego con troncos muertos
provenientes del bosque.
Juntas nos entraremos en calor, acurrucando
nuestros cuerpos desnudos, nuestros cabellos sueltos
y beberemos de la misma copa esa dulce leche
y comeremos pasteles de miel
Cuán sonora y alegre es la llama. ¿No estás demasiado cerca?
tu piel se sonroja, deja que la bese en aquellos
lugares donde el calor de esta lumbre
la ha puesto ardiente.
En medio de tizones fogosos, yo voy a calentar
las pinzas y te peinaré aquí.
Y escribiré sobre la pared con los encendidos carbones tu nombre en la pared.


PLEGARIAS
¿Qué es lo que tu deseas?, le inquirí. Si fuera necesario
yo venderé mis últimas joyas, para
que una solícita esclava aceche el deseo de tu mirada
no importa cual sea la ambición de tus labios
si la leche de nuestras cabras te parece desabrida
yo alquilaré solo para ti, una nodriza con sus pechos rebosantes
para que cada mañana te amamante
si nuestro lecho te resulta tosco
yo compraré los almohadones mas blandos de seda forrados.
Todas las sábanas de pluma forradas, que traen los mercaderes de Amatonta
todo pero es necesario que yo sea suficiente para ti, y
si en el suelo durmiéramos, es preciso que esa dura tierra, te resulte
más dulce que el cálido lecho de otra mujer.


LOS OJOS
Mnasidika, cuan feliz me hacen tus ojos, cuando
el amor sombrea tus párpados
y os anima y a la vez entristece con las lágrimas
Pero como me perturban cuando
tu mirada se dirige hacia otra mujer que pasa,
o destella recuerdos que no es el mío
Entonces mis manos se estremecen, mis mejillas se hunde
y sufro
Siento que mi vida se me escapa
por todos lados, frente a ti
Mnasidika no permitas que tus ojos dejen de
mirarme o los cegaré con alguna aguja
y no veréis más que la negra oscuridad de la noche.


ADORNOS
Nada de mi vida, el mundo, los hombres, me
importan si ella no es parte de mi vida.
Todo lo que no es ella, te lo obsequio viajero
Conoce ella cuanto trabajo me tomo
para verme bella ante ella, mi peinado
mis vestidos, mis adornos, mis perfumes
Si fuera necesario movería largo tiempo
la rueda del molino, llevaría los remos o
cavaría la tierra, a cualquier precio procuraría retenerla
Pero presiento que ella no lo sabrá jamás
Diosas que nos resguardáis, el día
que ella conozca cuanto la amo,
buscará refugio en los brazos de otra mujer


EL SILENCIO DE MNASIDIKA
Ella había estado todo el día risueña
Aún mas se había burlado un poco de mí
y negado a obedecerme delante de otras mujeres
Cuando volvimos, yo afecté no
querer responderle, en tanto
ella abrazándose a mi cuello
me preguntó si estaba irritada
Entonces yo le respondí
diciéndole que ella no era la misma de antes
y no podía reconocer en ella a la del primer día
Ella nada respondió
pero se vistió con todas las joyas
que poseía y no usaba desde mucho tiempo,
y la misma túnica de azul bordada que
usaba el día de nuestro primer encuentro.


ESCENA
- ¿Dónde has estado?
- En casa de una vendedora de flores,
he comprado tres preciosos lirios
aquí te los traigo.
- ¿Tanto has demorado para comprar
tan pocas flores?.
- La vendedora me ha demorado
- Tienes las mejillas pálidas y los ojos brillantes
- Es la fatiga del camino
- Tus cabellos están mojados y revueltos
- Es el calor y el viento que me deshecho el peinado.
- Se te ha desatado el cinturón. Yo misma
había hecho el nudo menos apretado que este.
- Tan suelto que se me ha desatado, un hombre
me los ha atado de vuelta
- Tu vestido trae una mancha.
- Es el agua de las flores
- Mnasidika, mi querida, tus ojos son los mas bellos
en todo Mitilene.
- Yo lo sé bien, lo sé bien


ESPERA
El sol se ha escondido toda
la noche tras los velos de la oscuridad
Y yo espero sentada luego del transcurso
de esta noche cansada sobre mi lecho.
La llama en la lámpara se ha extinguido
al llegar a su fin.
Ella no aparecerá, ahí partió la última
estrella.
Ella no vendrá jamás. Sé aún el nombre
que me la quitó. De igual modo
aún la espero.
Pero ahí llega, si ella quien se aproxima.
sus cabellos en desorden y sin rosas, la ropa
sucia manchada, y rota, la boca seca,
ojerosos los ojos.
Cuando ella traspase el umbral, le diré...!
Pero ya está aquí...y entonces es su vestido
lo que toco, sus manos, sus cabellos, su piel!
Y la beso frenéticamente y lloro.


LA SOLEDAD
¿Para quién me pinto los labios?
¿Para quién cuido mis uñas?
¿Para quién mi cabello perfumo?
¿Para quién son mis pechos sonrojados
por el polvo rojo?
¿Para quién mis brazos en leche bañados?
...si no hay nadie a quien abrazar!

¿Cómo conciliaré mi sueño?
¿Cómo me podré acostar?
Mi mano no ha podido encontrar
en el lecho su cálida mano.
Y no me atrevo a entrar en mi hogar,
en esa habitación horrorosamente vacía.
No me atrevo a abrir la puerta.
Ni siquiera me atrevo a abrir los ojos.


CARTA
Esto es imposible, imposible.
Con lágrimas y de rodillas te imploro, con todas
las lágrimas que he vertido por tu carta,
No me dejes así.
Entiendes acaso cuán terrible es perderte
esta segunda vez, después de haber
tenido la esperanza de volver a conquistarte
Ah! ¡mis amores!
No sabes hasta que punto yo te amo
Escúchame. Consiente en recibirme aún una vez más.
¿Me esperarías mañana al atardecer delante de tu puerta?
Mañana. No me niegues eso.
Quizá sea la última ocasión, pero aún esta vez,
aún esta vez! Te lo pido, te lo suplico y piensa
que de esa respuesta pende mi existencia.


LA TENTATIVA
Tu sientes celos de nosotras Gyrinno, Joven
y ardiente. Cuantos ramos has colgado
en nuestra puerta. Tu aguardabas por nosotras
en la calle y luego nos seguías en el camino.
Ahora estas donde has deseado, acostada
en el lecho amado, y la cabeza sobre la almohada
que despide el perfume de otra mujer.
Tu eres mayor que lo que ella era.
Tu cuerpo distinto me asombra.
Ves, finalmente he consentido. Si, soy yo
Puedes divertirte con mis pechos, acariciar mi vientre
Abrir mis piernas. Mi cuerpo entero se entrega
a tus incansables labios. Ay!
Ay! Gyrinno, en este amor, mis ojos se inundan
con lágrimas. Enjúgalas con tus cabellos, no las beses,
Mi querida: y abrázame mas estrecho aún, para
dominar mis estremecimientos.


EL ESFUERZO
Otra vez! Basta de suspiros y de brazos
extendidos. Vuelve a empezar.
¿Piensas que el amor es un tregua?
Gyrinno es una equivocación, la mas grosera
de todas.
¡Despiértate!. No hace falta que sigas durmiendo
No me importan tus ojos azules y
el dolor que arde en tus delgadas piernas.
Astarté hierve en mis entrañas.
Nos hemos acostado antes
del crepúsculo, el alba malvada aparece,
pero yo estoy cansada por tan poco.
No dormiré hasta que llegue la segunda noche
No dormiré, no es preciso que tu duermas
Cuan amargo es el sabor de las lágrimas!
Estímalo Gyrinno. Los besos son mas difíciles,
pero mas desarraigados y mas calmos.


A GYRINNO
No creas que yo te he amado. Yo te he comido
como una fruta madura, te he bebido como agua
ardiente, te he llevado alrededor de mi
como un vestido de piel
He gozado de tu cuerpo, porque
tienes cortos los cabellos y los pechos erguidos
sobre tu cuerpo delgado, y las puntas negras
como dos diminutos dátiles
del mismo modo en que son precisas el agua y los frutos
una mujer también es necesaria, pero
ya te he olvidado, tu que has yacido en mi abrazo
como sombra de otra amada.
Entre tu piel y la mia un apasionado sueño
me ha poseído. Te apretaba contra mí
y como sobre una herida gritaba: Mnasidika, Mnasidika, Mnasidika!



EL ÚLTIMO INTENTO
- "¿Qué quieres vicio?
- Consolarte. Me han dicho que después
de tu ruptura, tu has ido de amor en amor
sin encontrar ni olvido, ni paz
- Habla.
- Se trata de una joven esclava
proveniente de Sardes. Ella no tiene
pareja en el mundo, pues al mismo
mujer y hombre es, sus pechos, sus
largos cabellos y su clara voz crean este espejismo
- ¿Su edad?
- Dieciséis años.
- ¿Su talla?
- Grande. Ella no ha conocido
a nadie aquí a excepción de Psafa
quien ha quedado irremediablemente
enamorada y me la ha querido comprar
por veinte minas.
Si tu la alquilas, ella permanecerá en tu hogar.
- ¿Y que haré yo?
Heme aquí veintidós noches
Han transcurrido intentando en vano
Escapar al recuerdo...
Tomaré a la pequeña entonces, pero
prevenla, que no tema nada si sollozo en sus brazos


EL RECUERDO AGONIZANTE
Recuerdo....(¿A qué hora del día no la tengo presente?)
Recuerdo el modo en que se arreglaba el cabello
con sus pálidos y débiles dedos.
Recuerdo una noche que transcurrió tan suavemente
con su mejilla en mi seno, la felicidad me mantuvo despierta,
y en la mañana su rostro mostraba la marca redonda de mi pecho.
La veo asiendo un vaso de leche y de reojo, mirándome
con una sonrisa. La distingo embellecida, con su cabello levantado,
abriendo sus enormes ojos frente al espejo, retocando con sus
dedos el carmín de sus labios. Y más que todo,
mi desesperación es una tortura constante
porque minuto tras minutos,
yo se que
se sumerge en los brazos de otra,
y conozco lo que pide y sé lo que da.



LA MUÑECA DE CERA
Muñeca de cera, juguete amado
que ella llamaba su hija, te ha abandonado
a ti también y al igual que a mi te olvida,
quien con ella fui madre y padre
yo no sé.
La presión que con sus labios ejercía
había reblandecido tus mejillas, y aquí
en tu mano diestra el dedo roto
que tanto la hizo llorar.
Esta pequeña túnica que llevas
fue ella con sus dedos quien la bordó.
Tal vez ya habías aprendido a leer.
de todos modos, aún eras amamantada
y por la tarde ella abría su túnica
y te ofrecía sus pechos para que "no lloraras", decía ella
Muñeca si quisieras volver a verla,
yo te daría a Afrodita como mi joya mas cara
pero yo prefiero pensar que ella ya está muerta.



EL CANTO FUNEBRE
Cantad un cántico fúnebre, musas Mitilienses, cantad!
La tierra está sombría como un traje de luto
y los árboles jóvenes tiemblan como cortas cabelleras
Heraios, oh mes triste y dulce. Las hojas
caen dulcemente al igual que la nieve, el sol
es mas penetrante en el bosque emblanquecido...
Yo sólo entiendo el silencio.
alguien ha transportado a la hipogeo a Pitakkos anciano ya
muchos son los muertos que yo he conocido.
Y ella, que vive, está en mi como si nunca hubiera existido.
Este es el décimo otoño que yo he visto morir.
Es hora ya de que yo emule al otoño.
Llorad conmigo, musas Mitilienses, llorad sobre mis pasos

2 comentarios:

Anónimo dijo...

VERDADERAMENTE MAGNÍFICO, CUANTA SENSIBILIDAD Y SENSUALIDAD ENTRELAZADAS. GRACIAS POR PUBLICAR ESTOS VERSOS "LAS CANCIONES DE BILITIS". ATENTAMENTE, UNA LESBIANA ENAMORADA.

Enrique Caballos dijo...

¡Verdaderamente! ¡Qué sensibilidad tenía Pierre Louys cuando escribió estos versos!