viernes, mayo 18, 2007

Superando el divorcio

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Cuando Ricardo le dijo a Luisa que quería el divorcio porque estaba enamorado de una mujer de 20 años, ella sintió que su mundo se derrumbaba. Durante diez años habían sido la pareja perfecta, sin discusiones, progresando economicamente a tal punto que ella no tenía necesidad de trabajar, tenían una hermosa casa en las afueras de la ciudad, una perra salchicha llamada Peta, una vida cómoda...no habían tenido hijos porque Ricardo los evitaba, y a decir verdad Luisa tampoco tenía un marcado instinto maternal. Con 32 años recién cumplidos Luisa se sintió la mas vieja de las mujeres. Se miraba al espejo preguntándose porqué ya Ricardo no la deseaba...era alta, esbelta, con el cabello semi - largo y negro, ojos verdes, una linda boca, piel morena, orejas pequeñas...los senos no eran muy grandes, pero bien formados, la curva del vientre era suave...las piernas torneadas y largas...¿por qué Ricardo ya no la encontraba atractiva?. Se hizo mil veces esa pregunta después de saber que lo perdía.
Ricardo se fue de la casa, dejandosela a ella, también le dejó un auto pequeño y usado, con buen ver y le pasaba una mensualidad dado que Luisa nunca había trabajado después de casarse.
Los primeros meses fueron muy traumáticos para Luisa. Se pasaba dentro de casa, sin querer ver a nadie. Los viejos amigos de la Escuela de Decoración, que aún conservaba desde la adolescencia le ayudaron a salir del pozo invitandola fiestas, aperturas de exposiciones. Danilo, uno de ellos, la invitó a trabajar en su estudio de decoración y eso fue como una apertura mental para Luisa. Recordó porque había estudiado con tanta pasión la carrera de decoradora cuando solo era una jovencita. Mientras tanto el trámite de divorcio corría, y la vida de Luisa comenzaba a tomar un nuevo rumbo.
La noche del 24 de Diciembre sus amigos la invitaron a una fiesta en "Café Luna Azul", insinuandole que habría varios hombres "disponibles". Luisa asistió, no porque su interés fuera conocer a alguien nuevo...realmente...aunque sus años de matrimonio no habían sido malos, ahora que lo pensaba...habían sido como estar muerta en vida. Durante esos diez años había pasado en un sueño...ni el sexo era todo eso que se suponía debía ser. Así que se compró un escotado vestido rojo, muy corto, se maquilló cuidadosamente, se calzó en unas sandalias de tacón y fue decidida a divertirse muchísimo, tomar mucho champagne, reír mucho y recibir la última Navidad del milenio en compañía de sus amigos que tanto le habían ayudado a superarse.
Conoció a Sara esa noche. Sara tenía 36 años, era muy alta, con un cuerpo de curvas rotundas, hermosos senos, un a sonrisa deslumbrante, cabello rojizo largo hasta media espalda y ojos negros que parecían echar chispas a cada palabra que su portadora decía. Se dedicaba a mil cosas: decoración, compra y venta de antiguedades y pintaba en los ratos libres. Vestía un vestido azul largo, que marcaba su cuerpo. Por primera vez Luisa se sorprendio observando el cuerpo de otra mujer....y se dijo que era porque algo tan exhuberante no podía pasar desapercibido.
Rápidamente, y por mérito de Sara, que la llamaba para invitarla a ir al cine, o a cenar, o a exposiciones, se convirtieron en grandes amigas. Salían juntas a muchos lugares, Luisa comenzó a sentirse muy cómoda con ella. Sara también estaba divorciada desde hacía muchos años, se había casado a los 16 años para poder salir de su casa y el matrimonio había terminado apenas cumplió los 20. Desde entonces había decidido ser, como ella mismo lo definía, un "espíritu libre".
Una noche, después de pasarla muy bien en una cena, acordaron en medio de copas, que cuando el divorcio de Luisa se aprobara, se irían a un crucero, no importaba el costo. Al día siguiente continuaron conversando y tomaron en serio ese proyecto que al principio parecía un poco loco.
Un mes después la sentencia de divorcio fue aprobada. Luisa consiguió quién cuidara de Peta, de las plantas de la casa, Sara pasó por ella y fueron directo al puerto a tomar el Crucero. La embarcación fascinó a Luisa, como también la enorme piscina. Los primeros dos días los pasaron fabulosamente durmiendo hasta tarde, tomando sol en la piscina, intentado jugar al tenis y riendo con la torpeza de ambas, ya que nunca habían jugado, coqueteando en los bailes que se organizaban en la noche en el salón de fiestas del barco. Luisa notaba que Sara atraía mucho a los hombres, y que esta les trataba con una divertida mezcla de ironía y desprecio.
Ese día tomaron mucho sol en la piscina, así que al llegar la noche estaban agotadas y no se quedaron en el salón de fiestas, sino que fueron directo al camarote. Luisa se acostó primero, y observaba a Sara caminar por la habitación solo con el tohallón de baño envuelto en el cuerpo y sintiendose muy extraña. Al fin Sara se acostó y quedaron en la semi oscuridad, ya que la luna llena entraba por la ventanilla del camarote e iluminaba parcialmente la habitación.
Luisa se sentía extraña...excitada era la palabra. Recordaba el sol acariciando su piel en la tarde, a Sara tirandole agua des desde la piscina...y lo bien que se veía en ese bikini rojo. Llevó la mano a su vagina y comenzó a tocarse...se había quitado la ropa interior, porque le encantaba dormir desnuda. No la sorprendio notar que estaba humeda...sino que comenzó a masajear el clítoris que ya sobresalía hinchado. Estaba caliente solo recordando lo hermoso que lucía el cuerpo de Sara con las gotitas de agua cayendo a lo largo del mismo, y su sonrisa. Movio las caderas para acentuar la presión sobre el clítoris, cuidando de no hacer ruido porque no quería despertar a Sara...si no fuera tan extraña la situación, le provocaría risa...se estaba masturbando pensando en su mejor amiga....cerró los ojos para concentrarse mas en su faena.
De pronto una oleada de aire frío le hizo abrir los ojos...Sara estaba junto a la cama, con la sábana que hasta minutos antes la había cubierto en la mano, la silueta de su cuerpo desnudo recortada por la luz de la luna. Se quitó la mano de la vagina avergonzada....Sara sonreía de un modo que en lugar de apagar la calentura, la acentuaba.
- No quería despertarte....
- Dejame ayudarte - murmuró Sara, tendiendose junto a ella en la cama. El roce de su cuerpo hizo que la temperatura de Luisa se elevara unos cuantos grados. La mano de Sara se apoyó en su vagina.
- Upssss....que calor hay por aquí....
No la dejó responder, atrapó su boca en un beso. Luisa entreabrio los labios y la lengua de Sara recorrió el interior de su cavidad bucal...nunca un beso la había hecho sentir tan caliente antes...involuntariamente empujó la mano de Sara con su cadera...quería que ella hiciera algo para calmar ese fuego que la estaba consumiendo.
- ¿Quieres jugar chiquita? - murmuró Sara en su oido, para luego mordisquear el lóbulo y besarle el cuello con pequeños besos, mientras con la mano frotaba toda la vagina. Luisa pasó sus brazos detrás de la espalda de Sara...quería sentir todo su cuerpo sobre el de ella, sentir su piel...Sara se colocó sobre Luisa, y restregó el cuerpo suavemente, la mano aún sobre el sexo de su amiga....la sensación hizo erizar a ambas...era como una electricidad que las recorría a ambas, poniendolas muy cachondas. Sara separó el cuerpo lo suficiente para poder atrapar uno de los erectos pezones de Luisa en su boca y chuparlo con fuerza...Luisa no dejaba de moverse debajo de ella por causa de la excitación.
- Ya Sara...haz algo...necesito que me calmes...
- Lo sé amor...confía en mí.... - murmuró Sara. Pasó al otro pezón, le dio una ligera mordidita que hizo que Luisa lanzara un gritito de placer. Subio a su boca y volvio a besarla metiendo la lengua muy dentro.....para de pronto meter dos dedos dentro de la lubricada vagina. Luisa empujo su cadera de tal modo que practicamente los engulló, así que Sara los quitó e introdujo ahora tres dedos con fuerza....Luisa lanzó un suspiro, mientras Sara entraba y salía de ella...aquello era mucho mejor que cuando Ricardo la cogía. Sara la penetraba con los dedos y al mismo tiempo restregaba el cuerpo sobre el suyo, los senos se rozaban y podía sentir el aroma de ambas mezclandose....se estaba volviendo loca de placer...
- Te gusta .... sabía que te gustaría...me vuelves loca Luisa....sigue moviendote así...
Las frases de Sara excitaban aún mas a Luisa, que se movía como posesa....sentia la tensión en su vagina, ya pronto culminaría todo....no podía creer que una mujer le estuviera haciendo sentir eso. De pronto el orgasmo llegó, salvaje, incontrolado, lo sintió dentro de sus entrañas en movimientos convulsivos y por demás placenteros...se apretó a Sara, como queriendo compartirlo, deseando que ella lo sintiera también. Sara quitó suavemente los dedos de su interior y hasta eso provocó placer en Luisa.
- Fue uno grande...¿eh?.
- Fue uno de los mejores que he tenido...
- ¿Quieres continuar?.
- Claro.
- ¿No crees que es hora de presentar a nuestras vaginas?.
Luisa miró a Sara interrogante...pero la sonrisa de Sara, mezcla de picardía y excitación la puso caliente de nuevo. Miraba interrogante a Sara, que se semincorporaba en la cama. Luego comprendió la idea. Sara pasó su pierna debajo de las nalgas de Luisa, y acercaron sus vaginas. Sara empujó y las mismas quedaron unidas en un beso húmedo, mezclando los jugos y los aromas de ambas...Sara suspiró fuertemente. Comenzaron a mover las caderas, frotándose y empujandose la una a la otra. El calor que emanaban las quemaba, pero querían continuar, los clítoris se estimulaban mutuamente. El orgasmo les llegó casi al mismo tiempo, Sara dio un grito sofocado y Luisa sintió que las fuerzas la abandonaban...nunca antes había tenido dos orgasmos en tan poco tiempo. Se recostaron en la cama, con las vaginas aún cercanas, sintiendo que los líquidos de ambas aún fluian, humedeciendo las sábanas de la cama...pero no les importaba a ninguna de las dos.
- Me vuelves loca Luisa...totalmente loca.
- Me parece que tú también a mí.....eres increíble.
Sara se acercó a ella, se recostó a su lado y puso la cabeza entre los senos de Luisa, no sin antes besarlos, deleitandose con ellos. Luisa la rodeo con sus brazos y no dijeron mas nada...pocos minutos después ambas dormían placidamente.
Los cuatro días restantes del crucero practicamente no salieron del camarote, explorando sus cuerpos, amandose, conversando, volviendo a amarse.
Han pasado cuatro meses de ese viaje. Ahora Sara vive con Luisa en la casa de las afueras de la ciudad cuya hipoteca Ricardo aún paga, y son una pareja muy bien avenida.
¿Ricardo?...bueno...su joven amante ya se cansó de él, y pasa el tiempo en bares de ligue buscando con quién pasar la noche para no sentirse tan solo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

ME ENCANTO MUCHISIMO.... Y UNA SE DA CUENTA AL FINAL... QUE UNA PUEDE ESTAR O CONOCER EN INFINIDAD DE PERSONAS PERO ESTAR SOLO SE PUEDE ESTAR CON UNA......

Relatos dijo...

A quién corersponda: he intentado comunicarme con ustedes por el e-mail que aparece en este blog sin obtener respuesta.
Mi nombre es Mariela y me gustaría que, tal como lo declaran en vuestro blog, den la autoría correspondiente a este relato, que es mío, y que ustedes han extraído completo de mi web de www.relatoslesbicos.homestead.com sin hacer mención en ningún lugar del mismo.
Muchas gracias.